La sumisión al fundamentalismo

El pastor Terry Jones ha declarado que ni ahora, ni en el futuro, quemará los ejemplares del Corán como había prometido hacer como protesta contra los fanáticos islámicos que perpetraron el 11 de Septiembre.

Un buena parte de Estados Unidos y del mundo ha suspirado. Se alejan las represalias que extremistas islámicos de todo el mundo podían tomar contra objetivos occidentales. El suspiro mayor habrá salido del pecho del Comandante en Afganistán de las tropas americanas, el general Petraeus. Menos musulmanes estarán motivados para atentar contra sus soldados.

El pastor ha logrado su día de gloria monopolizando las noticias a lo largo de una semana y hay quien dice que es un chiflado con ansia de protagonismo. Pero hay otra importante moraleja que extraer del incidente.

El anuncio de un acto irrespetuoso, AISLADO, de un individuo desconocido, el pastor no es el Papa ni representa a los obispos protestantes de Estados Unidos, ni a ningún organismo de relieve, sus feligreses son unas modestas decenas, basta para soliviantar al mundo islámico, a su minoría fundamentalista, y, en consecuencia, a movilizar a las fuerzas vivas occidentales -el pastor ha recibido llamadas angustiosas del Papa, del Secretario de la ONU, del Ministro de Defensa de Estados Unidos etc… – asustadas, pasmadas ante lo que puedan hacer los extremistas.

Reacciones parecidas vimos cuando Rushdie publicó sus “Versos satánicos” y el Ayatollah Khomeini lanzó su fatwa autorizando a cualquier musulmán a matarlo. Escribir un libro considerado irrespetuoso hacia el Corán justificaba una muerte. El autor tuvo que esconderse. Luego llegó el episodio de las caricaturas de Mahoma en un periódico danés. Boicot de los productos daneses en países islámicos, amenazas contra las Embajadas de ese país, manifestaciones…Todo por un hecho considerado trivial entre nosotros y publicado por un periódico, no suscrito ni mucho menos por un gobierno. El autor de una de las caricaturas, Karl Wasregaard fue asaltado, se ocultó, ha vivido con protección policial etc…Una vez más el temor al fanatismo de unos fanáticos ignorantes enmudecía a la prensa occidental ante la pasividad de una parte importante de los dirigentes y la opinión pública de los países islámicos. En pleno siglo XXI, el “aguante” de los islámicos es inexistente.

Ángela Merkel, valientemente, aunque tiene 4,600 soldados en Afganistán, ha condecorado recientemente a Wastergaard. En su discurso, una política que ha vivido en Alemania Oriental y sufrido la ideología totalitaria, ha dicho que “el secreto de la libertad es el valor”.

Estos días en Francia, la Asamblea Nacional, con pocas disensiones, ha prohibido el uso del velo en lugares públicos. Se justifica diciendo que “el velo disuelve la identidad de una persona y cuestiona la integridad a la francesa que está fundada sobre la aceptación de los valores de la sociedad gala”.

Dentro de poco veremos a algún energúmeno lanzando amenazas contra Francia por su “osadía antiislámica”. Y los mandamases de esa cultura se callarán ante el exabrupto

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