Aznar y Chirac vistos por Blair

Sus numerosos enemigos le niegan el pan y la sal. Habrán estado sorprendidos por el éxito espectacular de las memorias de Tony Blair que, antes de aparecer simultáneamente en Gran Bretaña y Estados Unidos, sin haber llegado a las librerías, ya estaba en el cuarto lugar en las listas de más solicitados de Amazon.com

La obra, muy extensa, se lee casi de un tirón, aparece también en Francia y no entendemos porque habrá que esperar al próximo año para que salga en nuestro país. Blair ha esperado a las elecciones británicas, que desalojaron del poder a su correligionario y enemigo Brown, para el que tiene duros calificativos, pero se ha adelantado a la publicación, también muy esperada, de las memorias de Bush que saldrán en noviembre.

Blair no ha defraudado. Desmintiendo el argumento de la película “El escritor” es obvio que no ha necesitado de ningún “negro” para elaborar las 700 páginas de que consta el libro. Es algo salido de su pluma.

Aparte de consideraciones de rabioso interés, la guerra de Irak por la que es denostado sería una, las memorias son iluminadoras sobre determinados aspectos de la historia contemporánea, Kosovo, la paz en Irlanda etc… y recogen con candidez la opinión del autor sobre diversos políticos. Chirac, que se enfrentó a él durante el conflicto de Irak, no sale mal parado pero los piropos que le dedica no son excesivos y algunos momentos hilarantes lo ponen un tanto en evidencia. “Del Presidente francés se puede pensar lo que se quiera pero hay que admitir que es un tipo valiente y profesional, un hombre con obvia madera presidenciable”. Supo encajar con entereza la derrota, ante Blair, en la campaña para conseguir los Juegos Olímpicos. “En la derrota, es un tipo admirable”.

No es cicatero con Sarkozy del que dice que adopta aires que un extranjero puede considerar arrogantes pero que definen bien la mentalidad de Francia y lo que la convierte en un país apasionado e interesante. Aconseja a Sarkozy que no abandone sus reformas aunque sean impopulares. Si las suaviza, si se aleja de lo que ha propuesto, perderá.

De Aznar da un breve pero atractivo retrato. Alaba su sentido de la hospitalidad y políticamente describe con admiración la conocida escena del sillón y los puros. Se estaba negociando lo que luego sería el Tratado europeo de Ámsterdam y la presidencia holandesa lidió primero con las peticiones de los pequeños Estados pensando que dejando a España para el final se la podría acorralar con la vieja táctica de apelar a su sentido europeísta, “tienes que tener sentido de la historia”, no puedes ser responsable de un batacazo europeo…” Varios dirigentes europeos, entre ellos paternalistamente Chirac, intentaron aplicar en una sala este quinto grado al español. Blair concluye que Aznar, un duro negociador, que fumaba impertérrito los agotó con su firmeza y consiguió lo que quería para España (“He got his terms”).

Comentaristas americanos se extrañan de la virulencia con que algunos críticos británicos han acogido la salida de las memorias y que despellejen a Blair por haber donado sus honorarios a un hospital militar. En Estados Unidos esto sería impensable, arguyen si Bush cediese sus derechos a una institución benéfica sería inusual que lo tratasen de fatuo o de criminal de guerra. Puede ser, digo yo, aunque no faltarían los descalificativos. Hay quien opina que, aunque Bush está actualmente desprestigiado, el ensañamiento, con todo, no existe porque su sucesor Obama no se ha dedicado a vituperar con asiduidad su actuación

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