Carla Bruni merece la muerte

Esta es la última conclusión del periódico iraní Kayhan, cercano ideológicamente al líder supremo de ese país. El día anterior ya la llamó prostituta. Es posible que en su próxima edición concluya que la esposa de Sarkozy debe ser ejecutada a pedradas. El meollo del tema trata precisamente de esto, de querer lapidar a alguien.

Ya se comentó en estas páginas que una iraní, una viuda llamada Sakineh, había sido condenada a muerte por haber tenido relaciones sexuales con un casado. Ante las protestas internacionales que obligaron a los iraníes a suspender, no a anular, la bárbara sentencia, la justicia de Teherán cocinó apresuradamente que la señora Sakineh había participado en el asesinato de su marido, esto haría más creíble cualquier pena que se le impusiera. En Francia, el escritor Henry Levi se embarcó en una campaña para denunciar una legislación y una decisión judicial propias de la Edad Media. Entra en escena la señora Sarkozy que firma una carta de apoyo a la Sakineh que hace montar en cólera a los conservadores iraníes. ¿Cómo es posible que una impía de ligeras costumbres se atreva a hacer juicios de valor sobre la religión y la ley islámicas, sobre su sacrosanto derecho de decidir si una adúltera debe morir a pedradas o no? (Digamos de paso que el diario Kayhan y posiblemente el líder supremo no parecen estar excesivamente preocupados con la Alianza de las Civilizaciones).

La mujer del presidente francés se había limitado a escribir a la condenada una sentida y elegante carta que tenía una aroma del famoso monólogo del Mercader de Venecia: ” ¿Por qué se va a derramar su sangre? ¿Por qué se le va a privar de sus hijos? ¿Porque usted ha vivido, porque ha amado, porque es mujer, porque es iraní? Todo mi ser se niega a aceptarlo”.

El periódico iraní habrá pensado que estos son soliloquios enfermizos y blasfemos propios del judío Shyllock y ha arremetido contra la Bruni y la cofirmante, la actriz Isabelle Adjani. Un portavoz oficial iraní, quizás pensando irónicamente en la libertad de prensa, ha afirmado que la legislación islámica desaconseja atacar a personalidades extranjeras. El sitio oficial de internet del gobierno había, sin embargo, reproducido el juicio y los epítetos del periódico.

Paris y Teherán no están en estos momentos en luna de miel, la polémica sobre la violación iraní de sus compromisos nucleares sería una de las causas. El affaire por otra parte muestra otros aspectos significativos: de un lado, la escasa repulsa que en el mundo islámico encuentra la belicosidad insultante del periódico y el propio fondo de la cuestión, lapidar a una adulta por acostarse con un casado. De otro, la desigual reacción occidental, en nuestro país por ejemplo la condena a muerte en Estados Unidos a un contumaz asesino culpable de haber violado y matado a un puñado de menores levantaría más ampollas y comentarios sarcásticos que lo ocurrido a la pobre Sakineh. Con esta no hay pancartas.