Los alegres sueldos de la Unión Europea

Yo, cuando sea mayor, quiero ser Director General en la Unión Europea.

Me explico. Parece que la Unión desea imponer, por primera vez, un impuesto directo a los ciudadanos. Hasta ahora los ingentes fondos que maneja se nutrían fundamentalmente de las aportaciones de los Estados Miembros amén de un porcentaje del IVA que estos recaudan y de ciertos aranceles. El impuesto va a irritar al personal en estos momentos de crisis y el argumento de que ello significará una reducción de la carga impositiva que soportamos en nuestros países es ilusorio. Parece difícil que nuestro gobierno, o el francés o el alemán vayan a renunciar a nada de lo que perciben de sus nacionales.

Lo curioso es que esta infausta noticia llega cuando se airea que, en época de apretarse el cinturón, la Unión sigue creando puestos con un salario opíparo. Agárrense: hay casi mil altos funcionarios europeos (997) con un sueldo superior al del Primer Ministro británico y, probablemente, al de Zapatero. Los ingleses están que trinan y su gobierno, en un país lleno de euroescépticos, va a interpelar a Bruselas y si pudiera a bloquear la medida.

Prima facie, por muy europeísta que sea uno, las cifras espantan. ¿Puede no sólo ya Durao Barroso o los Comisarios europeos o las dos docenas de altos cargos más importantes de la Comisión sino NOVECIENTAS NOVENTA Y SIETE PERSONAS ganar más que los Jefes de Gobierno de los Estados miembros? La cifra de bien remunerados entra dentro de lo grotesco.

La Comisión tendrá algunas razones válidas, el aumento último del número de directores generales en momentos en que los Estados miembros recortan los efectivos de funcionarios (sólo en Alemania se han licenciado a 10,000 personas en la Administración Central) se basa, alegan, en la necesidad de supervisar e inspeccionar para que no se produzcan situaciones como la reciente crisis griega pero el examen de la legión de directores generales abre las carnes. ¿Necesita la Unión 997 personas con emolumentos superiores a los del premier británico? No resulta creíble por mucho que se intente racionalizar. ¿997? Es una cantidad fascinante.

Los comentarios sarcásticos afloran. Inge Grassle, una diputada germana, se escandaliza y comenta que la Comisión hace estas cosas en el verano para que la gente no las perciba y Godfrey Bloom, un diputado británico, repite una tesis cara a los euroescépticos: “Una prueba más de que los eurócratas viven en un sistema solar distinto al nuestro”. En lo sueldos es llamativamente cierto.