Los disidentes cubanos, Castro y Obama

El “ Washington Post” publicaba el martes una encuesta que coloca al Presidente Obama prácticamente en el momento más bajo de popularidad desde que llego al poder. 58% de los encuestados tienen escasa o ninguna confianza en que va a tomar las medidas adecuadas que necesita el país. En otro promedio de encuestas los que aprueban su actuación son el mismo número que los que la desaprueban, el 47%.

Aunque allí han surgido brotes verdes, la gente no acaba de creer que el marasmo económico acabara pronto, la reforma sanitaria sigue siendo objeto de intenso debate y la postura abierta y comprensiva del Presidente en el tema migratorio con su condena de las leyes aprobadas por Arizona tampoco obtiene aplausos: 60% de los estadounidenses están conforme con la ley.

En el terreno exterior se comenta asimismo que su ramo de olivo tendido a Irán y Cuba ha sido despreciado. Es curioso que Fidel Castro haya aparecido ayer por primera desde el 2006 en una entrevista en televisión y tenga tiempo para su eterna cantinela: atacar a Estados Unidos y decir que este país prepara una nueva guerra. Esta vez, Irán sería el objetivo. Lo que, sinceramente, no parece ser el propósito de Obama

El Comandante Fidel no ha tenido espacio, sin embargo, para tocar, ni siquiera de refilón, el tema político de Cuba más importante en este momento, la liberación de una treintena de presos políticos en la que ha intervenido la Iglesia católica y nuestro país. Es obvio que el entrevistador tenía órdenes de no tocar el asunto. Hay quien interpreta que Castro ha pensado con su aparición dar un apoyo tácito a la liberación pero no ha querido hacer elucubraciones con una medida que quizás no le entusiasme.

Ahora habrá que ver si la liberación de unas personas que no son culpables de absolutamente nada en cualquier país democrático o semidemocrático se queda ahí o va más allá. Es decir si el régimen castrista repite una jugada que a cualquier otro no se le perdonaría: detiene a unas personas díscolas políticamente, que les son incómodas, y que en otro país estarían simplemente en un partido político o escribiendo normalmente en la prensa, y, después, como gesto de buena voluntad hacia la Unión Europea o hacia un político progre de Estados Unidos, libera esperando que la caiga alguna breva económica (de Europa) o política de Washington O si hace alguna reforma seria. Un cínico diría con bastante razón que el gobierno de la Habana hace rehenes a personas que no están de acuerdo con su política y luego espera obtener una recompensa de cualquier tipo. En el caso actual es que Bruselas revise su política hacia la isla, los dirigentes castristas pretenden obtener un reconocimiento de la Unión no cambiando unas leyes opresivas que no permiten la disensión política sino ofreciendo solo un mísero plato de lentejas, dejar en libertad a unos ciudadanos, que son además forzados a exiliarse y que aquí o en Holanda o en Alemania o en Canadá nos pasmaríamos si examinamos las razones por las que llevaban tiempo en la cárcel. Si existiera aquí el baremo legislativo cubano, si yo escribiera, por ejemplo, un artículo en Francia criticando la política exterior de Zapatero o la formulación del decretazo podría ser detenido y llevado a prisión. Patético. En el siglo XXI y después de cinco décadas de Revolución.

Hay que alegrarse de que esos cubanos y sus familiares hayan salido de la isla, y de la generosidad de nuestras autoridades para acogerlos pero de ahí a darle palmaditas a los que los metieron en la cárcel y dar a entender que ya somos cuates y que se acercan a nuestra sintonía hay un abismo mayor que el mar Caribe.

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