Placeres y berrinches del Mundial

A diferencia de Brasil, la segunda selección de los aficionados mundiales, el descalabro francés del Campeonato de fútbol (mutis por el foro inmediato, ninguna victoria, un raquítico gol) habrá llenado de satisfacción a más de uno. Es una gran potencia política y futbolística y ese status hace que su caída produzca un cierto regodeo. En Francia los calificativos periodísticos son duros: Acaba el calvario de Sudáfrica, Francia sale con orejas de burro, un equipo de bufones, son los calificativos de “Le Monde“, mientras que “Le Fígaro” apunta que los galos bebieron el cáliz hasta las heces y que acaba una época.

Económicamente, la eliminación trae ya resultados. Menos televisores vendidos, las acciones de la empresa que transmitía los encuentros bajan en bolsa (TF1 había pagado 87 millones de euros por los derechos) y hasta la cerveza (el producto cuyo consumo se dispara en el planeta en los mundiales) será menos degustada. Políticamente se piensa que es un mandoble para Sarkozy. El más deportista de todos los Presidentes de la Republica de los que se tiene memoria, Sarkozy no solo es practicante de varios sino que discute con autoridad sobre ciclismo, tenis, futbol etc…Un reciente libro, “Sarkozy cote vestiaires” sostiene que en pocas cosas el Presidente es tan auténtico como cuando se encuentra en medio de deportistas. En momentos en que su popularidad esta en baja, con su odiado correligionario Villepin creando un nuevo partido, una buena actuación de los “Azules” habría resultado un estupendo balón de oxigeno. Obama no tiene ese problema, su popularidad esta en el momento más bajo desde su elección pero el equipo de futbol estadounidense, a pesar de sus progresos mediáticos, la revista Sports Illustated, ¡oh cielos!, ha dedicado más de medio número al Mundial, no despierta las vibraciones de las selecciones europeas o africanas en sus respectivos pagos.

El júbilo es inenarrable en Uruguay, los recuerdos de la gesta del 50 cuando derrotaron a Brasil en la final de Maracaná afloran en los comentaristas, y en Méjico. Los sudafricanos tienen sentimientos encontrados. Han brillado pero no pasan. El futuro del futbol africano puede que no llegue mañana sino pasado. El país, además, pasada la fiesta, se percata de que el impacto económico no será de miles de millones de euros sino de unos 100. Les quedaran, por otra parte, una serie de elefantes blancos en los estadios. Muchos de los construidos están claramente sobredimensionados para un país como Sudáfrica.

La FIFA, una vez más, gana en todos los campos. Ama de vida y hacienda impone hasta la cerveza, la Budweiser desconocida en aquellas ciudades, y obtiene pingues beneficios. El mana de 2,500 millones de euros que reporta el Campeonato caerá también sobre las federaciones nacionales. Las que participan se llevan una tajada en función de los resultados, 6 millones para las primeras eliminadas y casi 25 para la vencedora y hasta los Clubes que aportan jugadores pasaran por caja, 1,300 euros por día y jugador. Como ocurre con las fuerzas de paz de la ONU esto puede ser una futesa para los jugadores de Madrid, Manchester o Barcelona pero es dinero para un club del Tercer mundo.

Lideres políticos del mundo suspiran por una victoria de su equipo. Aunque haya precedentes contradictorios, los generales argentinos cayeron a pesar del triunfo mundial del equipo de Kempes, una victoria siempre viene bien y hace olvidar momentáneamente la penuria que nos acosa, las promesas o fanfarronadas estúpidas y las meteduras de pata de los gobiernos. La derrota puede tener asimismo consecuencias. El líder norcoreano no podrá sacar mucho pecho después del 7-0 de Portugal, sus jugadores no podrán ser endiosados y mostrado como fruto de la inspiración de la increíble ideología y situación comunista norcoreana. No es de descartar que, a pesar de la vigilancia a que son sometidos, alguno se esfumara en el viaje de vuelta. Anulada una conferencia de prensa de días pasados ya hay rumores de que tres habrían desertado