Turquía en el punto de mira de las civilizaciones

El primer ministro Erdogan lo niega fervientemente, Turquía, afirma, no ha cambiado su política, continúa queriendo tener excelentes relaciones con sus vecinos, los árabes y con Occidente. Sin embargo, el incidente de la flotilla de Gaza y la reacción turca abre bastantes interrogantes y suspicacias en los medios políticos de Estados Unidos siempre preocupados con la estabilidad y subsistencia de Israel. Incluso aquellos situados a la izquierda muestran su ansiedad sobre el rumbo de una nación islámica de 80 millones de habitantes, miembro de la Otan y aspirante a entrar en la Unión Europea. Mirada con desconfianza por muchos árabes por su tradicional alianza tácita con Israel, Turquía es ahora objeto de suspicacia de medios occidentales

En Estados Unidos hay una amplia comprensión popular hacia la decisión israelí de bloquear Gaza e incluso hacia la inevitabilidad del incidente de días pasados. Aunque, simultáneamente, aumentan las voces que dicen que el bloqueo es insostenible y que la actuación del Ejército israelí fue desproporcionada, el cuestionamiento de Turquía empieza a tener bastante eco con acusaciones de que la retórica candente de las autoridades de Ankara (“masacre”, “acto criminal”) sólo sirve para inflamar las pasiones y crear antisemitismo. Algún comentarista concluye que “hemos perdido a Turquía”. Los críticos hacen ya un balance negativo, Erdogan tuvo un rifirrafe y un desplante con el moderado Shimon Peres en un simposio hace un año en Suiza, Turquía no colaboró con Estados Unidos en la guerra de Irak y en estas últimas semanas ha arrastrado los pies en el Consejo de Seguridad de la ONU cuando se han tratado las sanciones a Irán. Se recuerda malévolamente que precisamente la palabra masacre es lo que se ha utilizado eufemísticamente para describir el denominado “genocidio armenio” imputado a los turcos y surge la pregunta: ¿Si Turquía no tiene nada que ver con la expedición humanitaria hacia Gaza cómo vio con complacencia la salida de un barco con unos activistas que se negarían a ser pacíficamente inspeccionados y que optaron por provocar a Israel?

Es probable que Turquía, con la difuminación de la amenaza rusa en el norte se sienta menos dependiente de Estados Unidos. Puede asimismo verse de nuevo como un poder regional de peso, su clase dirigente habría recuperado la sensación de ser un país importante con una política totalmente independiente. El partido en el poder, por otra parte, tiene una sustancial base religiosa y unas elites menos ligadas a Occidente.

Todo resulta en un nuevo quebradero de cabeza para la política de Obama. La nueva Administración estadounidense descubre que hay países emergentes, Brasil, Turquía… aliados tradicionales, que le empiezan a crear problemas por cimentar su identidad en políticas que no coinciden con las de Estados Unidos. Que creen ahora que un mayor poder de Washington en el mundo no casa con sus intereses y su proyección. Que, de una u otra forma, resultan ser potencias medias interesadas en bloquear a Estados Unidos en temas de relieve. Y que hay otras más grandes encantadas de ver como se ponen trabas al coloso.