Aunque Zapatero se despelote, la cosa tiene ya poco remedio

El actual Gobierno español, y más concretamente su presidente, han logrado con perseverancia quebrar algo vital: la credibilidad de nuestro país en el exterior. Los dos gobiernos anteriores, el de Aznar y el de Felipe González, habían logrado apuntalarla seriamente. Ahora se desvanece.

Dos largos años de avestrucismo (crisis, ¿qué crisis?), de negación (no tenemos nada que temer, esto es una desaceleración) de voluntarismo infantil, de vacilaciones (amplio la edad de jubilación, pero luego archivo la medida) han originado que se empiecen a ver en España demasiadas similitudes con Grecia. Y eso para el inversor internacional, para los demás gobiernos… es nombrar al diablo.

El Gobierno tiene razón en afirmar que nuestra situación no es la griega pero en su delirante voluntarismo zapateril no quiere percatarse de que, por su torpeza, la percepción internacional empieza a ser otra y de que confusamente nos meten ya en el mismo saco. Las agencias de calificación, como dice la ministra Salgado, pueden meter la pata pero la impresión que reflejan los medios de información es idéntica a la de aquellas: España corre peligro. Este martes, el “New York Times“, el periódico más influyente de Estados Unidos, titula EN PRIMERA: “España está en peligro de caer en la misma trampa que Grecia”. El “Financial Times”, en la autorizada pluma de Martín Wolf afirma: “Gran Bretaña tiene bastantes posibilidades de evitar ser GRECIA o ESPAÑA“, el prestigiado alemán “Der Spiegel” vaticina: “Si Grecia falla, los especuladores pondrán de rodillas a España y Portugal”. Podríamos seguir y no estamos citando una hoja parroquial de Mataró o el boletín de una ONG de Murcia sino los medios de información que CUENTAN en el mundo.

Todos ellos, con frecuencia sin acritud pero sin dudas, señalan que la responsabilidad, en buena medida, de la situación española hay que cargarla en las espaldas del Gobierno y del presidente. No crearon la crisis pero, a diferencia de otros países, han hecho poco para atajarla, ha habido enormes vacilaciones en atajar el galopante déficit fiscal, Zapatero ha fracasado en esto o se ha mostrado incapaz de aliviar aquello (la asfixiante rigidez del mercado laboral) etc… No querer hablar de crisis hace año y medio, también a diferencia de Estados Unidos y de otras naciones europeas, produjo un talante dañino para salir al paso de los problemas. El presidente español, se dice, debió actuar hace dos años cuando era popular después de las elecciones. Su obstinación en no hacerlo, o su ignorancia de los temas, han propiciado la poco halagüeña situación actual. España tardará más en superar la crisis incluso si la situación actual no empeora, lo que no es descartable.

Leer sobre España o su “carismático” presidente estos días en la prensa extranjera es llorar. La credibilidad es penosa. Si Zapatero hiciera literalmente striptease explicando su panacea económica, los analistas extranjeros, como en el cuento del lobo, prestarían escasa atención y pensarían: “¿De qué va este tío?”