En todas las casas cuecen habas

La reina Isabel II y el príncipe Carlos

EFELa reina Isabel II y el príncipe Carlos

... y, en algunas, como la del Reino Unido, calderadas.

Aquí, en España, un país que no se distingue precisamente por su respeto incondicional a la Monarquía y cuyos sentimientos suelen bascular entre las críticas más irracionales y sectarias a las declaraciones más babosas, ridículas y cortesanas, tenemos que reconocer que escándalos también los hay en una Casa Real como la Británica.

Pero con una gran diferencia: allí, el prestigio de la Monarquía gravita en torno a Su Graciosa Majestad, una figura indiscutible e indiscutida llena de prestigio y dignidad, quien, a pesar de su edad, no abdicará jamás.

Afortunadamente para la Monarquía, para la Familia Real y para el país.

Mientras que aquí, en España, la Familia Real como tal no existe por la sencilla razón de que, como decía el gran e inolvidable Sabino Fernández Campo, los borbones no se quieren entre ellos:

Felipe VI no quiere a su padre. Lo demostró expulsándole de Zarzuela y del país sin respetar el artículo 19 de la Constitución: “Los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia y circular por el territorio nacional. Asimismo, tienen derecho a entrar y salir libremente de España. Este derecho no podrá ser limitado por motivos políticos e ideológicos. 

El rey Juan Carlos no quiere ni respeta a quien todavía es su esposa, Doña Sofia; Letizia, la consorte tampoco quiere a su suegra, como lo demostró en 2018 a las puertas de la catedral de Palma de Mallorca, agrediéndola verbal y gesticularmente. Tampoco a su real suegro ni éste a la nuera. Ni Elena y Cristina a la cuñada. Ni ésta a las infantas.

Con este panorama, fue difícil que don Juan Carlos tuviera quien le defendiera ante sus errores económicos y sentimentales, sobre todo los referentes a los dineros recibidos de un jeque.

La historia se repite ahora en la persona del príncipe Carlos, el heredero británico quien, al igual que en su día el rey Juan Carlos, ha recibido tres millones de euros del jeque catarí Sheikh Hamad Bin Jassim Bin Jaber Al Thani en bolsas de la tienda de lujo Fortum&Mason en una ocasión. En otra ocasión, el dinero era en billetes de 500 euros en una maleta de viaje. 

Según el parlamentario liberal demócrata Norman Baker criticó el procedimiento más propio de un capo de la droga sudamericano, no del heredero al trono británico.

Lo de don Juan Carlos no fueron dos, ni tres, ni cuatro sino...¡¡¡cien millones!!! (64.8 millones de euros) del antiguo rey de Arabia Saudita, Abdullah Bin Abdulaziz Al Saud, fallecido en 2015, pero no en maletas y bolsas sino en un cheque.

Tanto en lo referente a los dineros del príncipe Carlos como los del rey Juan Carlos se trataba de donaciones, no de comisiones, como la desinformada y mal intencionada prensa española consideró. Llegando incluso a afirmar que se trataba de comisiones recibidas por su mediación en el Ave a la Meca. Pero desde cuando pagan comisiones los árabes, en este caso, cuando serían los empresarios, beneficiarios de esa mediación real.

Y, hoy por hoy, recibir donaciones no es un delito. Delito no declararlo. 

Por ello Clarence House defiende que se siguieron todos los procedimientos, señalando que el dinero recibido se trasladó inmediatamente a una de las organizaciones benéficas del príncipe Carlos.

El rey Juan Carlos con esa donación recibida del rey saudí podía hacer lo que le diera la real gana y nunca mejor dicho. Incluso regalárselo a su amante de turno. No es un delito.

Como vemos y reza en el titular de esta columna: en todas las Casas Reales, sus miembros o algunos de estos se ven envueltos en escándalos de donaciones millonarias, que no son, en modo alguno, un delito, como en España se le quiso atribuir a don Juan Carlos. 

Sobre el autor de esta publicación

Jaime Peñafiel

Jaime Peñafiel nació en Granada, en cuya universidad se licenció en Derecho. Más tarde lo hizo en Periodismo por la Universidad de Navarra. En la agencia Europa Press se convirtió en reportero estrella como enviado especial acompañando a Pablo VI, el primer Papa que abandonaba el Vaticano en su viaje a los Santos Lugares.

Como corresponsal cubrió las guerras de Vietnam y la de Ifni, la de los Seis Días y otros conflictos bélicos. También fue enviado especial a los terremotos de Irán, Perú y Agadir. Recorrió Norteamérica en coche de costa a costa durante tres meses, donde realizó más de trescientos reportajes y tomó cinco mil fotografías. Una vez fichado por la revista ¡Hola! como redactor jefe, se convirtió en la figura periodística de los más notables acontecimientos sociales en todo el mundo: Cuarenta bodas reales, más de un centenar de viajes al extranjero de los Reyes de España, coronaciones como las de los emperadores de Irán y Japón, la reina Beatriz de Holanda, el rey Carlos Gustavo de Suecia o el emperador Bocassa de Centro África…, celebraciones como el 2.500 aniversario de la dinastía persa y funerales como los de Grace de Mónaco, Balduino de Bélgica, Diana de Gales y Hussein de Jordania.

Director adjunto, fundador y consejero del diario El Independiente, y director de La Revista. Lleva colaborando en la Cadena COPE desde hace más de veinte años. Y desde hace quince es columnista de El Mundo. Actualmente, es comentarista en los canales de televisión Telecinco, Telemadrid y Popular TV. Asimismo es autor de trece libros.

Es autor, entre otros libros, de Mis Bodas Reales, El General y su tropa, Los Herederos. Los Reyes del siglo XXI, Dios salve a la Reina, Dios salve… también al Rey, Al Príncipe, ¿quién le salva?, El Hijo de Sánchez; A golpe de memoria y Los Tacones de Letizia, El Hombre que se acuesta con la reina, Letizia en Palacio, Historia de un matrimonio, publicados por la Esfera de los Libros, con más de veinte ediciones y “El Mini Azul Borbón”, su última obra, editado por Temas de Hoy.