El inquietante guiño entre Calviño y Marlaska
Eso de que una imagen vale por mil palabras se cumple en la fotografía que, recientemente, vi publicada en un periódico madrileño.
Protagonistas: la “maquilladora de cifras y manipuladora de variables, traductora e intérprete de la ruina” (Jesús Lillo, dixit) Nadia Calviño, vicepresidenta primera, y Fernando Grande Marlaska, ministro de Interior, juntos.
Normal. Ambos son miembros del gobierno del impresentable Pedro Sánchez.
Pero lo que me llamó poderosamente la atención fue ver a la “intérprete de la ruina” del país guiñándole el ojo derecho a su compañero de partido y de Consejo de Ministros.
Los expertos definen este gesto como “comunicación ocular”.
Pero, a veces, el guiño puede ser una inquietante comunicación compartida e informal de algún propósito oculto. Sobre todo, si tenemos en cuenta la persona a la que se le hace el guiño. Este gesto no podía significar ni coqueto, ni flirteo y, mucho menos, una atracción sexual. Mas bien, el conocimiento compartido de algo o de algún propósito oculto.
El escritor Leonardo Ferrari dice que “más allá de las palabras, el cuerpo no miente y que el lenguaje no verbal tiene un poder que trasgrede las emociones y la piel”, sobre todo el que se expresa con los ojos esas “ventanas del alma”.
A mí, personalmente, esta expresión facial de Nadia Calviño a Grande Marlaska me resultaba curiosamente preocupante. Como si se estuviese planificando o sugiriendo algo de conspiración.
Y es que, como se lee en ABC, “el gobierno de las sonrisas no deja de hacer cosas chulísimas”, algunas tan rebuscadas, digo yo, como este guiño de Nadia a Marlaska, ese ministro del Interior que nunca me pareció más pequeño que en la imagen de esta dominancia ocular.