La reina Sofía y los ovnis

La reina Sofía, en una ceremonia maya

Foto: EfeLa reina Sofía, en una ceremonia maya

Estos días se está hablando mucho de los ovnis que han sido “vistos” en los Estados Unidos. Aunque el gobierno confiesa no tener explicación para los 120 objetos avistados por pilotos militares sean naves extraterrestres, tampoco pueden explicar que son.

Ello me ha recordado cuando la reina Sofía se dolía de no haber visto el ovni que, según ella, “vimos” los periodistas que acompañábamos a los reyes en su primera visita a la república Popular China.

Sucedió el 15 de junio de 1978. Los reyes viajaban en un avión y en otro los periodistas entre los que me encontraba. Procedíamos de Irán y nos encontrábamos sobrevolando la frontera entre la India y China.

Serían las cuatro de la madrugada o las tres y media. De pronto, al mirar a la izquierda por la ventanilla vi dos focos inmensos aproximándose al avión en el que íbamos.

Todo el mundo se despertó porque fue como si se hubiera hecho de día. La luz era más fuerte que la luz del sol.

Me dirigí a la cabina para hablar con el piloto. “Ya veo, ya veo. Se trata de un objeto no identificado que no se detecta en el radar”, me dijo.

La reina Sofia, que tenía un disgusto enorme porque nunca había visto un ovni y que fue informada, mientras volaba en el otro avión que nos seguía, por el comandante del nuestro, a la llegada a Pekín se dirigió con gran nerviosismo a nosotros, los periodistas, preguntándonos detalles de lo que habíamos visto.

"¿Es verdad que habéis visto un ovni? ¡Que suerte habéis tenido! ¡Yo que llevo toda mi vida esperando...!"

Personalmente, nunca he creído ni en los ovnis ni en los extraterrestres, me mostré incrédulo con lo que habíamos visto: “Se trataba, señora, simplemente de un objeto no identificado”, le dije. “Tienes que creer, tienes que creer”, me respondió disgustada.

No sería la única vez. En noviembre de ese año y encontrándose doña Sofía de visita oficial en Perú, quiso ver las famosas Líneas de Nazca. A pesar de que el programa de aquella visita oficial apenas nos dejaba tiempo ni para dormir, doña Sofía logró sacarlo para visitar las enigmáticas pistas, líneas y figuras del Valle del Ingenio. Y así, una madrugada, cuando el sol no había ni despuntado, salimos a escondidas del hotel para subir a un avión Fokker de las Fuerzas Aéreas, un reducidísimo grupo de periodistas cortesanos (Iñaki Gabilondo, Pilar Cernuda, Ana Zunzarren, Ramon Rato, Alberto Schommer, este periodista y, por supuesto, ¡Juan José Benítez! y el general Sabino Fernández Campo, para acompañar a la reina en aquella extraña y surrealista aventura. En el pequeño avión también viajaba “la bruja de la Pampa”, Maria Reiche, la científica alemana de 78 años que había dedicado su vida al estudio de los misteriosos signos. Me sorprendió la emocionada curiosidad con que la reina contemplaba los geoglifos del mono, la araña, el colibrí y las espirales que constituían el mayor calendario astronómico del mundo. Todos creíamos que íbamos a echar hasta la primera papilla por las subidas, bajadas y violentos virajes del avioncito para que la reina pudiera contemplar, una y otra vez, los dibujos que ciertamente solo es posible ver desde el cielo.

J.J. Benítez fue el culpable del regalo de una piedra peruana de origen ovni de 2000 kilos y con grabaciones de signos procedentes ¿de otros mundos? que este grupo de periodistas cortesanos hicimos a la reina. Según el querido compañero, procedía de una “civilización desconocida”. Era el regalo más sorprendente que haya recibido nunca.

Aquel día, acudimos al aeropuerto de Barajas con un camión para recoger la piedra que había llegado desde Quito en avión. Y, en comitiva, una extraña comitiva, nos dirigimos a Zarzuela donde emocionada esperaba la reina.

La dichosa piedra ha estado durante mucho tiempo junto a la piscina. Hoy, ignoro donde se encontrará.

Posiblemente en algún rincón de los jardines de Zarzuela, ese lugar paradisiaco donde ella es feliz o desgraciada, según el devenir de los acontecimientos políticos y familiares que sacuden su vida como reina, como madre, como esposa abandonada y como abuela.

En 1975, la revista limeña “Mundial” puso en duda las teorías sobre el origen gliptolítico, afirmando que las piedras eran fabricadas en los talleres de los artesanos.

Ante tanta polémica, el Dr. Cabrera publicó, en 1976, su libro “El mensaje de las piedras grabadas de Ica”. Y, en 1977, la BBC de Londres entrevistó para el capítulo de la serie “Los senderos de los dioses” a Basilio Uchuya, que confesó que él mismo fabricaba las piedras y fue filmado grabando una de ellas con un taladro de dentista. Luego coció la piedra en un horno con estiércol de vaca.

La piedra que le regalamos a la reina Sofia ¿era una de estas piedras?

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