¡Diez años ya del principio del fin!

El Rey Juan Carlos, de cacería

Foto: TwitterEl Rey Juan Carlos, de cacería

El próximo miércoles 13 de abril harán ya ... ¡diez años! Y todavía el fantasma con  nombre de mujer despechada persigue al rey Juan Carlos. Porque en la madrugada de ese día y mientras se encontraba de safari con su amante Corinna Larsen, el hijo de ésta, Alexander de 10 años, el ex marido Philip Atkins y el multimillonario Mohamed Eyad Kayad, anfitrión de la cacería de elefantes, sufre una desgraciada caída al tropezar en uno de los escalones del pabellón que ocupaba y sufre tres fracturas en su cadera derecha.

En ese momento, comienza el fin de su reinado, convirtiéndose de héroe en villano.

Inmediatamente, se organiza el traslado a España en su avión, acompañado del médico personal, los escoltas y Corinna que insistió en ir, ignorando lo que sucedería a la llegada a Madrid.

España vivía ese día en medio de una crisis económica muy profunda.

La reina Sofía aprovechó la Semana Santa para viajar a Grecia junto a su familia. Allí le sorprendió la noticia del accidente del Rey. Y, al igual que a millones de españoles, no le afectó tanto el accidente sino en compañía de quien estaba.

Aunque lo de Corinna venía ya desde el año 2004, hasta entonces se había mantenido dentro de unos límites más o menos discretos, difícil de creer, ya que la señora Larsen vivía junto a su hijo a corta distancia de Zarzuela, en pleno monte de El Pardo, en una villa llamada La Angorilla.

La familia de doña Sofía le pidió, le rogó que no regresara a España, pero ella estuvo tercamente decidida a hacerlo inmediatamente. Cuando llegó

a Madrid, se trasladó directamente desde el aeropuerto a la clínica de San José, donde se encontraba el Rey. No para verle. Solo estuvo cinco minutos. El tiempo necesario para hablar con los médicos. No quiso ni verlo. Natural. Lo haría a los dos días acompañado por toda la familia, incluido Iñaki Urdangarin aunque éste no llegó a entrar en la habitación. Pienso que doña Sofia quiso humillar al rey con toda la familia presente. Y ¡vive Dios que lo consiguió! Un médico amigo mío presente en la habitación me contó que vio a Letizia, apoyada en el quicio de la puerta de la habitación y la mano derecha en la cadera, al tiempo que, con un tono de voz irado, le oyó casi gritar: “¡Vamos ya!”.

¿Y Corinna?, preguntará el lector. Aunque había acompañado al soberano en el avión, el Jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, no le permitió quedarse sino que dio orden de que la acompañaran al aeropuerto y la expulsaran de España.

Don Juan Carlos permaneció días en la clínica. Transcurridos estos y después de haber sido intervenido por el prestigioso doctor Angel Villamor se le dio el alta, produciéndose uno de los momentos más humillantes de su vida como rey,

Tanto Spottorno como el responsable de prensa, Javier Ayuso, llegaron a la conclusión de que era preciso reaccionar con celeridad “para aplacar el enfado político y social”, obligándole a reconocer, al abandonar la habitación: “Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”. Era como un niño cogido en falta a quien se le obliga a pedir perdón. ¿Fue necesario tal humillación? Pienso que no.

En ese momento, en ese preciso momento, comenzó el principio del fin del gran reinado, repito gran reinado, del mejor rey que ha tenido España.

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