Madre antes que Reina

funeral duque de Edimburgo

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Todas las familias, incluida las llamadas Familias Reales, se parecen. Pero cada familia desdichada lo es a su manera, que dijo Tolstoi. Por ello, una vez cada cincuenta años o una vez en la vida todas las familias deberían volver a la masa de la humanidad oscura y olvidarlo todo de sus antepasados.

Como está haciendo la reina Isabel, estos días, comportándose como madre antes que como reina en el funeral por su esposo, el Duque de Edimburgo, en el primer aniversario de su muerte, reafirmando la unión de la familia apareciendo en la abadía de Westminster con su hijo Andrés. No hacía un mes que había pagado 14 millones de euros a una de las víctimas del abuso sexual del príncipe a una menor.

De lo que no existe la menor duda es que la sociedad paga bien caro el abandono en que los padres, en este caso madre, no educan a sus hijos. Al parecer y según sus biógrafos como Kitty Kelley y Bertrand Meyer, la reina Isabel de Inglaterra “nunca destacó en su papel de madre. Siempre fue distante y poco afectiva”. Y, ahora, lo está pagando.

Por ello y aún a riesgo de dañar la institución, ha querido demostrar la unión de la familia apoyando, públicamente, a quien, incluso, no se lo merece por el daño que ha hecho a la monarquía de Su Graciosa Majestad.

Desde muy jovencito, por su personalidad turbulenta e individualista, por su apariencia viril e insolente, frisando en la arrogancia, su boda con Sarah Ferguson fue recogida por la prensa británica bajo el siguiente titular “Boda de un parásito y una aprovechada”, incapaz de controlarse ni en la comida, ni en el sexo, ni en el alcohol. Cometía excesos en todo. Abusaba de la cocaína, de las anfetaminas y del champán.

Lo grave del tema es que Sarah y Andrés, a pesar de que éste era todo un príncipe, congeniaron nada más conocerse. Eran igual de vulgares, aficionados al humor escatológico, a los ruidos corporales, a los pedos y a los eructos. A pesar de todos estos antecedentes de su hijo y aún del daño que ha hecho a la monarquía, la reina Isabel ha decidido apoyarle en beneficio de la unidad de la familia, a diferencia de lo que está sucediendo en el seno de nuestra Familia Real.

Además, arrojar a su hijo de la familia, como ha hecho Felipe con su padre, iría en contra de su creencia en el perdón, como ha demostrado en ocasiones que mejor no recordar.

Hasta el juez británico que lleva la demanda de Corinna Larsen contra el Rey, ha declarado que se sentiría mucho más cómodo si Felipe VI pudiera rectificar, declarando que don Juan Carlos sigue siendo un miembro de la Familia Real.

No me gustaría tener que entrar en un terreno de Derecho Constitucional español en el que no me siento a gusto. Al acusarlo, no es ni Soberano ni Jefe del Estado de España. Desde su abdicación, no tiene derecho a inmunidad personal. Hay mucha narrativa y pocas pruebas.

Por todo ello, la actitud de Isabel con su hijo, antes madre que reina, es un ejemplo que Felipe debería tener en cuenta con su padre: antes hijo que rey.

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