Pepita Serrador y el cementerio de Granada

Cada vez que subo al cementerio de San José en Granada donde reposan los restos de varias generaciones de mi familia, siempre me acuerdo de la historia de Pepita Serrador, la gran actriz argentina, que se enamoró tanto de mi Granada que dejó escrito su deseo de ser enterrada en el cementerio tan cercano a la Alhambra.

“Adoro tanto Granada, que mi último sueño quisiera dormirlo allí. Solo en Granada puede ocurrir que un cementerio, en lugar de estar envuelto en tristeza, esté cubierto solo por la nostalgia”.

El Ayuntamiento granadino le cedió una sepultura a perpetuidad y costeó el mausoleo.

Y su hijo cumplió su última voluntad cuando acompañó los restos mortales de su querida madre, figura indiscutible del teatro, que había muerto el 24 de mayo de 1964, a los 51 años, víctima de cáncer.

Chicho recordaba a su madre como una mujer que “nunca fue una madre tierna ni de besitos ni de caricias. Era una madre autoritaria, seca, inteligentemente seca, que me fue formando como persona y como profesional sin que yo me diera cuenta de ello desde cero. Primero, como acomodador; luego, como taquillero hasta llegar a realizador.

Chicho siempre vivió con su madre, después de que ésta se divorciara de su marido, el actor español Narciso Ibáñez Menta, en 1940, aunque siguieron siendo amigos y trabajando juntos.

“Teniendo catorce años llegué por primera vez a Granada. Una mujer, cogiéndome de la mano, fue enseñándome a ver la ciudad. Con ella, con mi madre, aprendí a conocerla. Aunque era la primera vez que ella la visitaba, parecía conocerla de siempre. Había leído mucho y soñado con esa tierra. Tras la primera visita, raro era el año que con la compañía de teatro que ella encabezaba no visitábamos Granada. Porque ella necesitaba ir a Granada ... Llegó a conocer La Alhambra mucho mejor que cualquier de sus guías. Para empezar, vivíamos en un hotel situado en la propia Alhambra. El actual Alhambra Palace.

Fácil es entender el disgusto que me supuso el día que descubrí su tumba, desgraciadamente no ya abandonada sino hasta con la lápida rota.

Soy agradecido y me dolió que una persona que había elegido la ciudad en la que yo nací para descansar eternamente, su tumba estuviera abandonada por el Ayuntamiento y, lo que era peor, por su hijo, el famoso y entrañable Chicho Ibáñez Serrador.

Cuando lo comenté en el programa de Encarna Sánchez en la Cope en el que yo colaboraba entonces, Chicho se enfadó y tuvimos sus más y sus menos.

Pero como era muy buena persona y mejor amigo, cuando nos vimos, me lo agradeció con un emocionante abrazo, emoción que me invadió cuando supe que fue deseo del famoso realizador ser enterrado junto a su madre. Como así se hizo cuando falleció de una enfermedad degenerativa en junio de 2019.

Cuando visito el cementerio, siempre me acerco a la tumba y rezo por los dos. O por los tres: Pepita Serrador, Chicho y Luis Peñafiel, seudónimo que utilizaba para firmar sus guiones.

Hoy es el día de los difuntos y quiero recordarles.