No entendisteis el dolor de Farah

Como los lectores recordarán en mi última columna, les pedía al comienzo que la leyeran con respeto y se dejaran de demagogias, comparando la historia de Farah con el drama que están sufriendo los afectados por el volcán de La Palma que, repito, en modo alguno es comparable.

Salvo Manuel Luna de María, Kalysw, La Prusiana y Mario que han recordado en sus comentarios a los dos hijos que se suicidaron amén de un marido terminal, buscando un lugar no para vivir sino para morir  “no es que sufriera más que los palmeros sino que ella también lo pasó mal” como escribía  Kalysw. También Mario que decía “tragedia irrecuperable la de Farah a pesar de sus millones con el suicidio de sus dos hijos menores”.

El resto, pura demagogia. Siento ser tan brutalmente sincero. A lo peor, la culpa fue mía, no por comparar lo de Farah “salvando las distancias humanas, en todos los aspectos, que son muchísimos” como yo advertía, con las tragedias de los habitantes de La Palma sino por no haber sabido transmitir a mis lectores la dimensión de la tragedia humana y política que supuso para Irán la caída del Shah y la llegada de Jomeini.

Si yo les cuento que desde que abandonaron Teherán llegó un momento en que pensaron en suicidarse después de contactar, exactamente con todos los países del mundo que se negaban a recibirles incluido España, volviéndoles la espalda por miedo a no poder garantizarles la seguridad ante las amenazas de Jomeini de atentar en aquellos países que les acogieran, pienso está dicho todo.

Mientras las ejecuciones sumarísimas se multiplicaban en Irán y Jomeini exigía el regreso del Shah para juzgarles, sus vidas dependían de que un pequeño país, el único que quedaba, las Bahamas, aceptara recibirles aunque solo fuera por tres meses.

La noticia se produciría aquella dramática madrugada en la que habían decido poner fin a aquel éxodo en el que el Shah iba muriéndose y sus hijos pequeños Leila y Ali Reza, no entendían  lo que estaba pasando. No se recuperaron nunca hasta el extremo de suicidarse después de que su padre muriera.

“Vivir se convirtió en un insoportable fardo. ¿Que estamos haciendo perdidos en medio de un mundo que no nos quiere, sin un país donde mi esposo pueda morir tranquilamente? ¿Como hemos podido llegar a esto? La muerte, la sangre, el miedo? Ni una sola voz se levantó en nuestra ayuda. ¿Que va a ser de nosotros si todo el mundo dice ¡¡¡no!!!?”.

Solo México de López Portillo les acogió en Cuernavaca, previo pago de varios millones de dólares y donde yo me encontré con Farah, llevándole una mantilla española que me había pedido. “Nunca pensé que iba a cubrir tanto dolor”, me diría.

Sin ánimo de comparar ¿cabe mayor tragedia, queridos lectores?

Mi memoria está con Farah y mi corazón con los habitantes de La Palma.