A Leandro ya le hubiera gustado

El rey Alberto de los belgas, al igual que el rey Alfonso XIII de España, también tuvo hijos fuera de su matrimonio con la bellísima Paola, en este caso, una hija, Delphine, de sus amores con la baronesa Sibila de Selys Longchamps. El soberano español a Leandro, de sus relaciones con la actriz Carmen Ruiz Moragas.

Pero, a diferencia de la hija de la baronesa, reconocida como hija del rey tras una larga batalla judicial de ocho años, Leandro tuvo que esperar nada menos que 73 años para que, el 3 de diciembre de 2002, el juez abriera un expediente de reconocimiento de paternidad. Y, el 21 de mayo de 2003, un expediente estimaba la solicitud formulada por don Leandro Ruiz Moragas, acordando en su virtud que en su Acta de nacimiento se haga constar que el inscrito es hijo de Su Majestad don Alfonso de Borbon y Austria.

Como consecuencia de esa determinación de filiación paterna y conforme al artículo 55 de la Ley del Registro Civil, el inscrito ostentará en lo sucesivo los apellidos Borbón Ruiz como hijo del rey Alfonso XIII “con todos los derechos que le fueran favorables y sin necesidad de ninguna prueba de ADN”. Mas claro....

A pesar de esta resolución judicial, la Casa Real no le consideró jamás miembro de la familia como ha hecho la Casa Real de Bélgica con Delphine, a quien se le ha concedido, incluso, el título de Princesa, figurando recientemente junto a la Familia Real en la tribuna del desfile de la fiesta nacional belga.

A Leandro hasta la infanta Pilar en el Rastrillo, que dirigía, le hizo un vacío público. Solo la reina Sofia, durante una visita a la Feria del Libro en el Retiro madrileño, al ver en el stand de una editorial un libro de memorias de Leandro exclamó: “Es de mi tio, me lo llevo”. Y también cuando don Juan, el Conde de Barcelona, y por tanto hermano, en la recepción que ofreció en el Palacio de El Pardo, con motivo de sus 80 cumpleaños, le distinguió invitándole.

El buenazo de Leandro murió el 18 de junio de 2016, a la edad de 87 años, sin haber conseguido le concedieran el tratamiento de Infante al que tenía derecho como hijo de Rey, al igual que Delphine el de Princesa.

Ahora, eso si, el día del entierro de “tio Leandro”, como se referían cuando hablaban de él, la Casa Real envió una corona al cementerio de la Almudena.

Nunca mejor que en este caso el refrán español para quienes pretenden ayudar cuando ya es demasiado tarde y ha pasado la ocasión oportuna por lo que ya no puede surtir efecto: “A burro muerto (con perdón), la cebada al rabo.