Sergio Ramos, ese lienzo tatuado

Y hoy, con la resaca de la final de la Eurocopa y el triunfo de Italia, es decir, sesiones de futbol y futbolistas, me viene a la memoria Sergio Ramos y otros muchos sergios ramos usando su piel, de la cabeza a los pies pasando por el culo y las ingles, como un lienzo en el que aparece manchado eternamente con tintas y pigmentos los nombres de sus hijos Máximo, Sergio, Marco y Alejandro y, por supuesto, el nombre de su bellísima esposa, Pilar Rubio, a la que llama “Rubia” con una declaración de amor. También los nombres de sus hermanos, de sus padres y los números de la camiseta en el equipo. En el cuerpo del más hortera de los futbolistas del mundo entero no existe un centímetro sin tatuar. Y, como escribía recientemente Antonio Albert en ABC, todo él es un cuadro, presidido por un Cristo y ... el peluche de su hijo Sergio. No se conoce mayor horterada y mayor hortera, repito.

Cuando lo veo no puedo por menos que recordar a la gran Concha Piquer cuando cantaba la canción, compuesta en1941 por Xandro Valerio, Rafael de León y Manuel Quiroga: “Mira mi brazo tatuado con este nombre de mujer”.

¡Quién nos iba a decir que, pasados los años, los tatuajes iban a convertirse en la más hortera, vuelvo a repetir, seña de identidad! No solo de futbolistas como Sergio Ramos, David Beckham, Messi, Neymar, etc. etc. sino también de cantantes, actores, actrices y .... hasta reyes.

El más famoso, Federico IX de Dinamarca, padre de la actual reina Margarita, que los llevaba en pecho, espaldas y brazos.

También don Juan, conde de Barcelona, que se hizo tatuar en los brazos dos dragones marinos durante su etapa en la Armada inglesa, lo que no les exime de ser una real horterada, pero horterada al fin.

Los tatuajes siempre han estado de moda aunque nunca bien vistos. Se consideraba una costumbre legionaria y marinera. Para tatuarse, sobre todo, un nombre de mujer. No han sido pocas las historias de relaciones fallidas que han resultado incómodas y hasta insufribles al final por el tatuaje.

Tal le sucedió a Melanie Griffith, el amor de Antonio Banderas desde 1996 a 2015 y que, al más puro estilo carcelario, se tatuó en el brazo, junto al hombro, un corazón que encerraba el nombre de su marido. Durante años, lo lució con orgullo pero hizo “borrón y cuenta nueva después de su divorcio”. Al principio se lo tapaba con maquillaje pero no tardó en buscar una solución más permanente. En 2014, cuando se hicieron efectivos los trámites de la separación, recurrió al láser y, tras varias sesiones, desapareció por completo el dichoso tatuaje. Apenas queda rastro del nombre de Antonio. Ni en el brazo ni en su corazón.

Y Eva Longoria, que tenía varios tatuajes en diversas partes de su cuerpo, cada vez que se enamoraba y se casaba recurría al láser para borrar el nombre de su anterior amor.

También Angelina Jolie que, durante un tiempo, llevó tatuado en un brazo un dragón con el nombre de su marido el actor Billy Bob Thornton. Tras su divorcio se lo borró con láser y las cicatrices las cubrió con las fechas de los nacimientos de sus hijos adoptivos. Luego vendría Brad Pitt.

Los cientos de tatuajes del hortera Sergio Ramos, realizados por el famoso tatuador Rodrigo Gálvez, serian poco menos que imposible borrarlos con láser. Habría que despellejarlo como un conejo. Pero, en fin, ahí está el refrán: sarna con gusto, no pica … aunque yo añadiría pero mortifica.