Estamos hartos, dolorosamente hartos

El grito no es mío sino de Gerardo Cuerva, presidente de CEPYME y vicepresidente de CEOE, aunque, con su permiso, lo hago mío. Con toda la razón. La culpa la tiene Antonio Garamendi, su presidente, a quien ya me refería en otra columna aunque nunca creí que fuera un hombre con las ideas tan poco claras respecto a los indultos.

Me sorprendió, como a muchos empresarios españoles, que diera la bienvenida al independentismo catalán aunque luego donde dijo digo, digo Diego, puntualizando que lo que quiso decir es que “vuelva un día la normalidad a Cataluña”, según recordaba mi compañero Carlos Segovia en su importante artículo en El Mundo de hoy lunes. “Estallido contra los indultos que desborda a Garamendi”. Y menos mal que el presidente de CEOE “quería mantener la línea de no pronunciarse sobre los indultos”, en contra de la mayoría de los dirigentes de la patronal, hartos ya. Y si Garamendi no quería pronunciarse, ¿por qué lo hizo, rompiendo la independencia política de la mayoría de los empresarios?

“No se trata de opinar sobre los indultos, sino de rechazar cualquier decisión contraria a la norma jurídica, se vista de indulto o de otra cosa”, ha escrito Gerardo Cuerva.

Y otro destacado vicepresidente de la patronal y presidente de la madrileña CEIM, Miguel Garrido, también ha declarado “estar harto”.

Cierto es que como escribe el compañero Carlos Segovia “Todos ellos especifican que no atacan a Garamendi” pero tal parece sobre todo después de haber reconocido que “no debo pronunciarme por mi función institucional”. Si no debe, ¿por que lo hizo?, vuelvo a repetir.

Esta pregunta también me la hago pensando en Felipe VI y su polémico discurso del 4 de octubre de profundo contenido político cuando, como se ha publicado estos días, el Rey no debe intervenir en política. Por ello me pareció improcedente que el Soberano tomara postura sobre el tema catalán. De no haberlo hecho, hoy no se encontraría en la polémica situación en la que se encuentra, en contradicción de eso tan pregonado y tan manido pero hoy vacío de contenido de que el rey reina pero no gobierna. En la historia encontramos pocos precedentes de este tipo de mensajes políticos, posiblemente porque vivimos momentos muy graves, tan graves que obligaron al Jefe del Estado a intervenir. ¿Para que? Mañana, muy a su pesar, tendrá que estampar su firma. La Constitución le obliga y en el pecado va la penitencia.

Mis lectores habituales, tan críticos ellos conmigo, ¿tendrán algo que objetar sobre el particular?