El Rey, como algunos maridos con amante

El Mundo publicaba el pasado domingo un interesante reportaje de Virginia Gómez sobre los comercios más antiguos del centro de Madrid que sobreviven a la pandemia, con sus reservas o créditos, en espera del regreso del turismo.

Entre ellos, me llamó la atención “La Violeta”, esa tiendecita de la Plaza de Canalejas de Madrid que vende, desde 1915, los típicos caramelos que llevan su nombre.

Aunque a ustedes, queridos lectores, les sorprenda fue lo único que la reina Victoria Eugenia recordaba de Madrid, la ciudad en la que vivió como reina desde el 31 de mayo de 1906, día de su boda con Alfonso XIII, hasta el 15 de abril de 1931 en que marchó al exilio. Y no regresó hasta 37 años después, exactamente el 7 de febrero de 1968, para amadrinar al día siguiente a su biznieto, el hoy Felipe VI.

Tres días después, mi amiga la duquesa Cayetana de Alba, en cuyo palacio de Liria se hospedaba, le organizó un recorrido por Madrid en el que tuve la oportunidad de acompañarles, deparándome algunas muy curiosas sorpresas, entre ellas “La Violeta”.

Cuando cruzábamos Canalejas, la Reina exclamó lo mismo que cuando vio, en la Puerta del Sol, el Hotel Paris: “¡Pero todavía existe! Era el único que había en Madrid cuando me casé hasta el extremo de que algunos invitados extranjeros tuvieron que hospedarse en casas particulares de aristócratas”.

Y, con respecto a "La Violeta”, dijo: “De aquí eran las cajitas de caramelos que mi pobre marido me regalaba con frecuencia.”

Años después, conocí y fui amigo de Leandro Ruiz Moragas, uno de los muchos bastardos de Alfonso XIII, nacido de las relaciones adúlteras del Soberano con la actriz Carmen Ruiz Moragas. Se trató del único de los numerosos hijos nacidos fuera del matrimonio real que, el 29 de mayo de 2003, fue inscrito en el Registro Civil de Madrid como hijo de su Majestad don Alfonso de Borbón y Austria, señalando el juez en la parte dispositiva del auto que “Leandro Alfonso ostentará, en lo sucesivo, los apellidos de Borbón Ruiz con todos los derechos que le sean favorables”.

Un día, mostrándome la casa con jardín en la que nació y vivió con su madre, en la madrileña Avenida Del Valle, recordó que cada día que el Rey venía a verla, le traía unos caramelos de color violeta que repartía entre él y su hermana, María Teresa.

Eran los famosos caramelos de “La Violeta” que Alfonso XIII también regalaba a su esposa Victoria Eugenia. Como suelen hacer algunos maridos con querida. El mismo regalo a una como a la otra. Así nunca hay problema.

P.D. Deseo que a mi estimada lectora “La Prusiana” la historia de esta columna no le recuerde, como la anterior, al semanario El Jueves aunque humorística es, si que lo es. De cualquier forma, reírse siempre es bueno.

Y a José María Sancho le diré que Armada lo pagó no por ingenuo sino por lealtad al rey Juan Carlos en lo del 23F.