“Querida tía Lilibet...”

De todo el mundo era sabido los lazos no solo de amistad sino de parentesco entre la Familia Real Española y la Británica, por aquello de que casi todos los titulares de las actuales monarquías reinantes en Europa descienden de la reina Victoria que se reforzó tras el matrimonio de Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg, nieta de la mítica soberana.

En el caso del fallecido príncipe Felipe de Edimburgo, el parentesco era doble, también por parte de la reina Sofía cuyo abuelo, el rey Constantino, era hermano de Andrés de Grecia y Dinamarca, padre del marido de la reina Isabel cuya muerte ha conmovido a los británicos sin distinción de credo político.

Pero ha sorprendido por su extraña familiaridad y cursi redacción el telegrama de Felipe y Letizia a la “Querida tía Lilibet con motivo de la muerte de nuestro querido tío Philip”. Ignoro quien habrá sido el autor o autora del ridículo telegrama. Nadie sabía que comían en el mismo plato y que existía ciertamente tal relación con el tu. Hacer alarde de ello es orgullo, lo decía Confucio. Yo diría que hacer alarde de ello en tan dramáticas circunstancias es, cuando menos, ridículamente patético. Que diferencia con lo que contaba doña Sofía, invitados en Buckingham, cuando una noche se cruzaron en uno de los corredores de palacio con una señora, cubierta la cabeza con un pañuelo, con botas de agua y rodeada de sus perros, que pasó junto a ellos diciendo, simplemente, “Good night”: “Mira, Juanito, es la reina”, le dijo a su marido. Por eso sorprende la ridícula familiaridad de Felipe y Letizia en este telegrama. En aquella ocasión, siguiendo este trato de Felipe y su consorte en el telegrama, bien podían haberle dicho: “Hi, aunt Lilibet …”.

Otra cosa son las declaraciones del líder de la oposición laborista, Keir Starmer, que se ha sumado al tributo nacional declarando que el príncipe Felipe “era un hombre que dedicó su vida a este país y que será recordado por su extraordinario compromiso y su devoción hacia la reina”. Y el premier Boris Johnson declaró en la puerta de Downing Street “que era un marido devoto, un padre orgulloso, un cariñoso abuelo y en los años más recientes, un gran bisabuelo”.

¡Qué diferencia del comportamiento miserable de los políticos españoles y el pueblo español con el rey Juan Carlos, también la Familia, empezando por su hijo Felipe VI que, incluso, ha tenido la desvergüenza de echarle de su casa y de su país! De doña Sofía, ¡mejor no hablar!

Todo el mundo sabía que el Duque de Edimburgo era mujeriego, mucho más que nuestro rey Juan Carlos, pero leal a su esposa a quien prometió servirla como el más humilde vasallo hasta el fin de sus días. Isabel II siempre ha reconocido que era el puntal de su reinado.

Cierto es que ella confesó cuando le vinieron con el cuento de las amantes “yo a mi esposo no le pido fidelidad sino lealtad”, frase que yo le brindé a doña Sofía en más de una ocasión.

La muerte del príncipe Felipe era esperada después de la operación de corazón a que fue sometido el pasado mes de marzo y a sus 100 años que cumpliría el 10 de junio, casi coincidiendo con los 95 de la reina, el 21 de abril próximo y que serán los más amargos de su vida.