¡Felipe, no te duermas!

La pasada semana no hubo periódico en papel o digital, cadena de televisión y programa de radio que no se ocupara en recordar el 23-F y a sus protagonistas.

La mayoría de los comentaristas sin mucho conocimiento de lo que pasó aquel triste día porque, como ya he repetido una y mil veces, solo tres personas sabían la auténtica verdad sobre esas dramáticas y larguísimas horas: Alfonso Armada, Sabino Fernández Campo y don Juan Carlos.

Los dos primeros están muertos y el Rey no hablará jamás. Todo se sabría si la viuda del gran Sabino, María Teresa, hiciera públicos los papeles de su marido que anotaba todo lo que pasaba y las conversaciones que mantenía, a todos los niveles. Sería un testimonio de primera magnitud, indispensable para conocer todas las vicisitudes de ese día.

La actuación del general Sabino fue tan importante y decisiva esa noche que los muchos o pocos aciertos del Rey se debieron no a él sino al Jefe de Su Casa, empezando por prohibir la presencia en Zarzuela del general Armada de quien siempre sospechó fuera uno de los responsables del golpe. Aunque no solo él.

Entre las frases que se pronunciaron y que han quedado para la historia hubo una que resume la actitud de Sabino y del Rey esa noche. Se pronunció en la madrugada del 23 al 24, después de que el rey Juan Carlos a las 1.14 de la madrugada pronunciara su importante discurso con el que parecía haberse abortado la intentona golpista. Y escribo “parecía” porque aún después de las palabras del Jefe del Estado, el general Milán del Bosch continuaba con los tanques en las calles de Valencia y Pardo Zancada llegaba al Congreso con la policía militar.

En esos momentos, el Rey se dirige a Sabino “culpándole” de la situación con estas palabras: “¿Te habrás equivocado?”. A lo que éste le responde: “Si me he equivocado, Señor, mis compañeros me fusilarán al amanecer”.

La única referencia esa noche al hoy Rey de España se produjo en la madrugada, cuando don Juan Carlos obliga a su hijo Felipe, que solo tenía 13 años, a permanecer junto a él en el despacho para que “veas lo que hay que hacer cuando se es Rey para defender la democracia” y observa que se había dormido. “¡¡¡Felipe, no te duermas!!!" le gritó.

La explicación, independiente de su edad y de que se aburriera, es que Felipe estaba pasando una mala racha, quizá como consecuencia de su crecimiento: se quedaba dormido hasta de pie.

Me extraña que el equipo médico de la Casa Real no se ocupara jamás de este problema que podría deberse a una narcolepsia o sueño sin previo aviso y que suele manifestarse, estés donde estés y en cualquier lugar, en la adolescencia.