El cambio, Génova 13 y Marichalar

San Ignacio decía que “en tiempos de tribulación mejor no hacer mudanza” aunque el profesor Rodríguez Braun aclara que el santo no dijo tribulación sino desolación que, en el caso que nos ocupa, es más acertado.

Porque la crisis del Partido Popular ha colocado su sede de Génova 13 en una dramática desolación difícil de solucionar cambiando de casa.

A pesar de que un cambio siempre es agradable que decía Eurípides, si se cambia no se debe continuar viviendo con la misma gente, aunque los cambios suelen tener algo de espejismo, de huida, de autoengaño.

Porque las grandes decisiones no hay que tomarlas cuando la vida, en este caso el Partido se desmorona, cuando se está atravesando una gran crisis.

En caliente, a veces, uno se precipita y actúa, como lo está haciendo Casado, más por el temor, por dolor a que todo desaparezca que por la razón y la confianza.

Es humano que haya que atravesar épocas malas, en las que uno se queda como bloqueado. Tal parece le está ocurriendo al buenazo de Pablo y su ejecutiva. Todo eso es posible en tiempo de tribulación o desolación.

Según mi querido amigo y compañero Antonio Burgos “nada bueno puede ocurrir a un partido que tiene su sede principal y hasta simbólica en el número ... ¡¡¡13!!! de una calle, mientras que el 70 de la calle Ferraz le está dando toda la suerte del mundo al PSOE... Mejor hubieran hecho Aznar o Rajoy pedirle al alcalde de Madrid que al edificio de tan mal fario le hubiera puesto “Génova 11 duplicado”.

Porque el número 11 de esa calle también era propiedad de la misma familia dueña del solar donde hoy se alza la acristalada sede del PP: la familia Marichalar y donde vivieron Jaime, Álvaro, Amalio, Ignacio, Ana y Luis María, todos ellos nietos de Luis de Marichalar Monreal, vizconde de Eza, quien adquirió el solar entonces un Centro Electro-Técnico de Isaac Peral, inventor del submarino, donde construyó un palecete neoclásico.

El vizconde de Eza fue alcalde de Madrid, senador, diputado, ministro de la Guerra y Fomento del gobierno de Eduardo Dato.

Él, junto a su hijo el conde Ripalda, padre de la saga, vivieron en Génova 13, hasta después de la guerra. La vida de los marichalares durante esos años no fue fácil ya que sufrieron 80 registros y numerosos saqueos. Como el conde de Ripalda era militar, finalizada la contienda fue destinado lejos de Madrid y el “Régimen forzó a mi padre a alquilar Génova 13 que era nuestro hogar a un bajísimo precio, siendo la renta inferior al coste del mantenimiento. Al final, no le quedó otra opción que la venta”, le contó el simpático Álvaro a Rajoy a quien visitó en su despacho. El entonces Presidente del PP se quedó muy sorprendido. Los nuevos propietarios lo demolieron en 1977 para construir la maldita sede del PP.