¡En la espléndida madurez de los... 70!

“Los años nos llegan sin ruido”, decía Ovidio. Pienso que esto es aplicable a algunas personas pero, en modo alguno a mi querida amiga Isabel Preysler. E incluso a algunas que hace ya cierto tiempo soplaron las velitas en su pastel número 70. Pero saben, como Isabel, que la edad no es impedimento para que su carisma y belleza, lejos de extinguirse, permanezcan inalterables y sigan siendo competentes, brillantes. ¡Bravo por las leyendas!

El próximo jueves 18, Isabel cumple... 70 años de los que lleva más de 50 y sin temor a exagerar, una de las mujeres que más portadas ha acaparado desde que llegó de su Manila natal a España en el año 1969. Con una elegancia innata y siempre perfecta en todas sus apariciones. Su asistencia a cualquier acto es el mejor reclamo para la prensa y las marcas publicitarias.

Además de una presencia magnética, si algo caracteriza a Isabel es que se trata de una mujer apasionada que ha luchado y sigue luchando siempre por lo que quiere.

Isabel, como todo ser humano, no puede acordarse del año en que nació. Desconozco como era la estrella que brillaba el 18 de febrero de 1951 pero no debió ser mala. Porque aquella niña llegaría a convertirse en una de las mujeres más famosas de este siglo. En el icono mediático y social a nivel internacional.

No conozco biografía más rica, más apasionada y apasionante que la suya.

La sociedad en la que se desarrollaron los primeros años de la vida de Isabel en Manila, era muy reducida, muy pequeña, aunque, al mismo tiempo, existía una colonia española de apellidos muy importantes: los Zobel, los Soriano, los Galatas, los Zulueta, los Incháustegui, los Azcárraga, Elizalde, Lizárraga, Melian, Ibarra. Como observar el lector, casi todos ellos apellidos vascos. Parecía la Neguri de hoy.

La lengua de la élite y la intelectualidad era el español. No olvidemos que fue el idioma oficial de Filipinas desde 1571, año de la fundación de Manila por Miguel López de Legazpi, hasta que, en 1898, los norteamericanos impusieron, por la fuerza, el inglés, al apoderarse de la colonia después de la batalla de Cavite. En 1946, Estados Unidos concedió la independencia a Filipinas. Desde entonces, quien no supiera el idioma de Shakespeare perdía su trabajo y aquellos colegios e institutos que no lo enseñaban, les retiraban la licencia y los clausuraban.

Los españoles no solo trajeron el idioma sino la religión. Filipinas es el único país católico de Asia y el más occidental de todos los de Oriente.

Isabel siempre llamó la atención entre sus compañeras de colegio. En muchos casos asumía su papel de auténtica líder, cuidando siempre su indumentaria y sus modales. Desde pequeña era muy presumida, destacando por su capacidad de iniciativa y durante varios cursos fue la delegada de su clase.

Ante la pregunta de que por qué vino a España, concretamente a Madrid, solo puedo decir que la “culpa pudo tenerla el amor. Isabel era una chica de 17 años, menor de edad, que se había enamorado en Manila de un rico playboy de 27 años”.

Y aquí, en España, se enamora, nada más llegar de Julio Iglesias. Era casi una niña. En realidad, apenas había cumplido 18 años. Julio tenía 27. “Me pareció un chico simpático y educado. Tres días después se me declaró y a los seis meses ya éramos novios. Quería que nos casáramos en seguida porque estábamos enamorados. Pero lo cierto es que me quedé embarazada. Entonces parecía una tragedia no pasar por la vicaría”, cuenta en las memorias que escribió para Hola.

Y se casó en Illescas, a 40 kilómetros de Madrid, en la iglesia parroquial junto a un espacio que el restaurador español afincado en Madrid, José Luis, tenía dedicado a bodas y bautizos. Con más fotógrafos y periodistas que invitados.

Aquel matrimonio duró siete años. Luego se enamoró de un elegante y discreto marqués, Carlos Falcó, del que se separó para unirse a Miguel Boyer, un súper ministro del Gobierno de Felipe González. Y en plena madurez, comparte su vida con el Premio Nobel de Literatura a quien había conocido en San Louis de Missouri, en junio de 1986, ¡¡¡treinta años antes!!!, entrevistando a Mario Vargas Llosa dentro de la serie de encuentros de la entonces marquesita de Griñón, reconvertida en periodista de Hola.

¿Quién iba a decir que aquella mujer, felizmente casada ella y aquel hombre también casado y con hijos, iban a reencontrarse tres décadas después y enamorarse apasionadamente?

Son los misterios de la vida. ¡Qué hermoso que ella pueda vivir esta historia de amor después de tanto tiempo!

Él, que ahora cumple 80 años, tiene un abundante cabello blanco y conserva un cuerpo medianamente atlético. Y ella, que entra el próximo jueves en la espléndida madurez de los 70, se mantiene igual de hermosa.

Aquel encuentro de hace treinta años hizo su obra y levantó el vuelo dejando una semilla que ha ido fructificando con el paso de los años.