José Bono y los marqueses de Galapagar

Por José Bono, ex ministro de Defensa del Gobierno español, entre 2004 y 2006, y Presidente del Congreso de los Diputados, entre 2008 y 20011, y también Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, siempre he sentido una muy especial simpatía y amistad. Le debo haber restañado una vieja y entrañable amistad de decenas de años con una persona a la que yo estimaba mucho, organizando un almuerzo a petición de él, en el comedor privado del Ministerio del Paseo de la Castellana, antes de que este amigo falleciera. Posiblemente no quería marcharse de este mundo sin que, con aquel abrazo que no dimos teniendo a Bono como emocionado testigo, nos perdonáramos nuestras mutuas ofensas. Para mi hubiera sido muy doloroso que se muriera, como sucedió, sin decirnos lo mucho que habíamos significado el uno para el otro.

Recientemente y como prueba de la amistad y confianza que nos tenemos, me visitó en mi casa de campo para leerme las memorias que estaba escribiendo y pedir mi modesta opinión sobre determinados pasajes que yo había vivido y personajes que había conocido.

Pero hoy y en esta columna lo que quiero es hacer llegar a mis lectores sus valientes declaraciones sobre esa impresentable pareja que son los “marqueses de Galapagar” que, a juicio de José Bono, se trata de “un matrimonio que no pinta nada en el gobierno por haberse quedado sin discurso, sin votos y casi sin diputados”.

Me satisface que mi querido José haya coincidido con otro gran amigo no menos querido como es Pablo Sebastián, director de este periódico en el que me honro colaborar.

Refiriéndose a esos tipejos que avergüenzan al gobierno y a España, “un matrimonio (o lo que sea, digo yo) compuesto por dos vagos que no dan ni chapa en el Gobierno y que solo abren la boca para protestar y enredar”,

podemos traer aquí y ahora lo que Felipe González ha dicho de este tipejo y sus comentarios sobre considerar a Puigdemont un exiliado: “Debería callarse. Me produce dolor y vergüenza ajena”.

Y se ha dolido el tal Iglesias porque se cuestione que su “mujer” sea ministra de Igualdad por ser pareja de no se quién”. Ese puede que sea el único mérito si es que ello supone un mérito que no tiene ninguno. Cierto que él... tampoco.

Difícil olvidar aquella irresponsable y temeraria cabecera de la manifestación del 8M, en la que figuraban entre otras “locas”, ella, la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, la mujer del Presidente, Begoña Fernández, la Celaá, Lola Delgado, Nadia Calviño y el ministro del Interior, Marlaska, que no se qué coño pintaba entre tantas mujeres.