La mala Nochebuena en Zarzuela

La Nochebuena en Zarzuela, sobre todo de un tiempo a esta parte, nunca ha sido precisamente buena aunque este año, para la inefable Letizia será menos mala.

Aunque la ausencia del rey Juan Carlos estará muy “presente” en la cena, no será lo mismo que en años anteriores con las infantas Elena y Cristina que tanto la odian.

Ya el pasado año Letizia prefirió cenar en su casa, el Pabellón del Príncipe, con su madre y sus hijas. Solo acudió a Zarzuela poco antes de la cena para felicitar la Navidad.

En esto de las tensiones familiares en la dichosa Nochebuena, la de los Borbones no ha sido muy diferente a las de muchos hogares españoles.

Todavía recuerdo la del año 2001, cuando la reina Sofía, con una total falta de sentimientos, obligó a que todos se sentaran a la mesa aunque hacía solo unas horas que Jaime Marichalar había sufrido un gravísimo ictus, una isquemia cerebral cuando hacía deporte en el gimnasio al que acudía habitualmente, dejándole paralizada la parte izquierda de su cuerpo.

Y mientras el buenazo de Jaime se debatía entre la vida y la muerte en el hospital y su esposa esperaba con la natural angustia la evolución de la enfermedad, en Zarzuela todos se sentaron a la mesa.

Incluido el entonces príncipe que tampoco estaba para Nochebuenas. Hacía solo unos días que su padre, el rey Juan Carlos, encargaba a mi paisano Fernando Almansa, Jefe de la Casa que era, que se reuniera con Felipe para exigirle rompiera con Eva Sannum, la modelo noruega que no era del agrado ni de él ni de doña Sofía y con la que el príncipe pensaba casarse, como le reconoció al Presidente José María Aznar. ¡Vaya trago para el señor Almansa! Pero Felipe aceptó la petición de su padre aunque, el muy miserable, pidió la cabeza del mensajero. El rey se la concedió destituyéndole, haciendo realidad eso de “matar al mensajero”.

Como observarán mis lectores, la historia se repite. Aunque en aquella ocasión don Juan Carlos no se atrevió a enfrentarse con su hijo, delegando en el Jefe de la Casa tan drástica petición.

Treinta y nueve años después, tampoco Felipe a su padre para pedirle se marchara de Zarzuela y de España. El muy cobarde recurrió también al Jefe de su Casa, Jaime Alfonsín, para que lo hiciera. Lo hizo aunque cuesta trabajo creerlo en su silenciosa presencia.

Ante estas circunstancia se podía aplicar eso de “donde las dan las toman”.

Quiero aprovechar esta columna para desear a todos los lectores que ya considero amigos y a quienes están por venir muchas felicidades a pesar de todo y decirles que estando ó no de acuerdo conmigo, nunca afectará a mis sentimientos.