Los 'annus más horribilis'

Todo el mundo se pregunta cuál será el contenido del mensaje navideño de Felipe VI. Personalmente, creo que, al igual que la reina de Inglaterra en 1992, lo tiene “fácil”: hablar de sus “annus horribilis”, los más difíciles, complicados y dolorosos de su reinado. En todos los aspectos. Como reconoció la Soberana en el curso del banquete ofrecido en su honor con motivo de su cuadragésimo aniversario de su ascensión al trono:

“1992 ya no será un año que yo recuerde con alegría, ya que fue “un annus horribilis”.

Un año que pudo destruir a la Familia Real británica. Fueron doce meses en lo que se sucedieron en cadena, uno tras otro, una serie de acontecimientos que pusieron en jaque a la Reina, como nunca antes: en marzo, su hijo el príncipe Andrés se divorcia de su esposa Sarah Ferguson tras seis años de matrimonio. Un mes más tarde, su hija Ana se divorció de su marido, el capitán Mark Phillips, después de 15 años casados. En junio, comienzan los escándalos que acabaron con el matrimonio de Carlos y Diana. Y en noviembre, un incendio arrasa su castillo preferido, el de Windsor, mientras su marido el príncipe Felipe se encontraba “encamado” en Buenos Aires con Susan Ferguson, madre de su nuera. Todo ello con una fuerte caída de la popularidad de la Monarquía.

Sin llegar a tanta tragedia como la de la reina Isabel, Felipe VI, en solo seis años, desde el 19 de junio de 2014, en la que sucede a su padre en el Trono, hasta la fecha, tampoco lo ha tenido fácil.

Unas veces por culpa de su esposa Letizia, otras por la mala relación de ésta con don Juan Carlos. Sobre todo, por el incidente del enfrentamiento público con la reina Sofía en la catedral de Palma. Pero aún quedaba lo más terrible y dramático: las consecuencias de aquel accidente del rey Juan Carlos en Botswana, en compañía de su amante, Corinna Larsen, del que se derivaría su abdicación, y el terrible y dramático momento de comunicar a su padre que tenia que abandonar Zarzuela y España, después de haberle condenado públicamente retirándole la asignación económica. No podían suceder tantas cosas en tan poco tiempo.

Pero como escribía Soledad Gallego-Díaz en El País del pasado domingo, “sería extremadamente desagradable pedirle una denuncia o condena a su padre”... “No sería lógico esperar algo mas que su expresión de dolor”.

Nadie mejor que los consejos de Juan Carlos Rodríguez Ibarra a Felipe para su discurso navideño:

“Soy el rey de España, soy el Jefe del Estado y soy el hijo de mi padre. Y si ustedes tienen padre, podrán comprender que hay cosas que no se pueden preguntar a un hijo; y hay situaciones que un hijo no puede comentar públicamente sobre su padre. Antes que Rey, soy hijo. Lo que haga o deje de hacer mi padre es de su única responsabilidad. Pero yo no voy a juzgarle públicamente por la misma razón de que ustedes no juzgarían públicamente a los suyos. Si en ocasiones me duele España, imagine como me duele mi padre. Pero mi dolor es mío y espero comprendan que no lo comparta con nadie ajeno a mi círculo familiar”. ¡Que así sea!