Treinta y tres años después

¿Se habrá acordado Felipe VI el pasado 16 de octubre cuando veía y oía a su hija Leonor leer correctamente su discurso en la entrega de los Premios hoy Princesa de Asturias de aquel 3 de octubre de 1981 cuando él leyó el primer discurso de su vida?

Solo tenía trece años y la víspera había escrito de su puño y letra las veintidós líneas del texto que leería.

Vestía un traje azul marino y corbata a tono y el pelo repeinado con raya. Lo recuerdo como si fuese hoy porque estuve presente como en casi todos los Premios Príncipe de Asturias.

Hacía solo diez días del golpe de Estado del 23F, por lo cual la situación no era la más propicia, como hoy, 38 años y diez meses después de aquella nefasta fecha. Hoy, no es que la situación española sea como para tirar cohetes: nos encontramos bajo los efectos de una pandemia y la monarquía española viviendo sus peores tiempos, con un Gobierno que un día si y otro también pide la República.

Aunque los borbones nunca han sabido leer, la lectura de un discurso de aquel desgraciado 6 de enero de 2014, en la que don Juan Carlos se perdió leyendo, acabó con el reinado del soberano. La de Felipe niño fue aceptable. Nada que ver con la de su hija Leonor, 39 años después, leyendo con perfección y haciendo las consabidas pausas sin equivocación alguna. Cierto es que la niña tiene una magnífica profesora, su madre, la inefable Letizia, que les ha enseñado no solamente a las niñas leer sino a su marido, Felipe, a hablar. Un ejemplo fue el pasado viernes con su magnífico discurso, no leído y bien entonado durante veinticinco minutos. A diferencia de la lectura de aquel otro que duró un minuto y treinta y seis segundos.

Entonces como ahora aunque el marco, esta vez, era diferente, el Hotel Reconquista en lugar del Teatro Campoamor, allí estuvo también, siguiendo con la misma emocionada atención, la reina doña Sofía que no se ha perdido ni una sola de todas las sucesivas ceremonias de estos Premios.

A diferencia de este año que el Gobierno ha estado representado por la vicepresidenta Carmen Calvo, aquel octubre de 1981, en la presidencia y junto a los Reyes se encontraba el presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo.

Ha sorprendido que Felipe VI pronunciara su discurso sin leer una simple cuartilla, magníficamente memorizado. Y lo más emotivo de la ceremonia fue el Premio Princesa de Asturias a la Concordia a los sanitarios, desde los médicos, enfermeras, camilleros hasta el personal de limpieza, recogido por Salvador Balboa y Verónica Real. Presentes también familiares del personal sanitario fallecidos víctimas del Covid, como la madre y la hija de sendos profesionales. Todo ello resultó muy emotivo. No hubo cenas de gala, ni fabada, ni arroz con leche, solo el Asturias Patria querida, interpretado desde un Teatro Campoamor vacío y ocupado por los gaiteros.

La nota frívola destacada por la prensa es que la niña lucía por primera vez zapatos de tacón, una importantísima noticia...