De los nobles de Franco a los nobles del Rey

El gobierno socialista comunista de Sánchez e Iglesias ha anunciado la decisión de abolir, por el momento, todos los títulos otorgados en su día por el general Franco. Los concedidos por don Juan Carlos, tiempo al tiempo.

Aunque el rey es el único que tiene “gracia” para otorgar títulos de nobles, Franco la asumió por un decreto del 4 de junio de 1948 que decía: “Todas las referencias que en la nueva legislación, cuya vigencia se establece, se hacen al Rey y a la monarquía, se entenderá que se atribuyen y contraen al Jefe del Estado”.

Y, amparándose en este decreto, firmó treinta y ocho concesiones de títulos, aunque, por aquel sentido del ridículo que para algunos tenía, y para justificar el hecho o justificarse, añadió un patriótico preámbulo a la ley en el que se decía que la concesión era un premio a “acciones heroicas y servicios extraordinarios dignos de parangonarse con las mas famosas que registra nuestra historia”.

Resulta curioso que el primer título de nobleza que concedió Franco fue para un fusilado, José Antonio Primo de Rivera y el ultimo para un asesinado, el almirante Carrero Blanco.

El Ejército se llevó la palma, con dieciséis generales ennoblecidos. Le siguieron los falangistas, con diez títulos de nobleza.

Pero muerto el General, se acabo la “gracia”. Y cuando muchos españoles pensaban que el advenimiento de la monarquía no solo iba a restaurar la antigua corte borbónica con damas, gentilhombres y camareras, así como gracias y títulos con la facilidad con la que el “papa” Clemente nombraba obispos y repartía hostias en el Palmar de Troya, el rey Juan Carlos cortó las esperanzas que la nobleza española había puesto en él y se convirtió en Rey de todos los españoles, sin corte ni cortesanos. Tal cosa parecen haber olvidado quienes hoy le atacan y le insultan, los muy desagradecidos.

Desde el 22 de noviembre de 1975, fecha en la que Juan Carlos asume el trono, ha concedido títulos a 55 personas de toda índole y pelaje. Los dos primeros a doña Carmen Polo, la viuda de Franco, el señorío de Meiras y a su hija Carmen, el ducado de Franco y el marquesado de Villaverde. Estos títulos en 1976. El último en 2014, el condado de Gisbert, a Maria del Carmen Iglesias Cano.

Aunque al lector le parezca increíble ha habido españoles que rechazaron el titulo nobiliarios que les ofrecía el rey. No por soberbia ni enemistad personal sino por coherencia con su manera de pensar ¿republicana? ¡Vaya usted a saber!

Tanto el ilustre bioquímico de renombre mundial y Premio Nobel de Medicina, Severo Ochoa, así como el académico de la Lengua, Pedro Laín Entralgo, rehusaron en su día, cortésmente, la distinción nobiliaria.

Frente a éstos, no podemos olvidar la vanidad de los nuevos ricos y su deseo antaño de añadir pedigrí a su fortuna con títulos falsos que vendía un duque autentico.