Las camas del pazo de Meiras y las de los Reales Alcázares tuvieron la culpa

Se veía venir. Tarde o temprano iba a suceder. Se lo escribí en mas de una ocasión: “Deberíais cederlo voluntariamente al pueblo. Porque tarde o temprano os lo van a quitar”. El primer paso jurídico se ha dado esta semana cuando la titular del Juzgado de Primera Instancia de Coruña, Marta Canales, “obliga” a los nietos de Franco a devolver el famoso Pazo de Meiras que yo conozco muy bien.

Varias fueron las ocasiones que, por motivos profesionales, acudí a lo que entonces era la residencia de descanso del Jefe del Estado.

Una de ellas, en julio de 1969, con motivo de la invitación que Franco había hecho a don Juan Carlos a quien, veinte días antes, había designado Príncipe de España y sucesor a titulo de rey para que pasara con su familia unas jornadas de vacaciones en el Pazo, con la idea de ir haciéndole mas conocido y popular. Era la primera vez que los príncipes y sus tres hijos, Elena, Cristina y Felipe que no había cumplido dos años, iban a convivir por primera vez con Franco, esposa, hija, yerno y nietos bajo el mismo techo.

La propia doña Sofía contó como fue de terrible aquella primera noche que durmieron en el Pazo: “Al ir a acostarnos se rompió la cama y nos caímos al suelo. No especificó si, como podemos suponer, fue porque estaban follando ... Se armó un ruido terrible y un jaleo con los barrotes, el somier, el colchón ...Yo creí morirme de vergüenza. Y le dije, le supliqué a mi marido “Por lo que mas quieras, no lo cuentes”.

“Pero al día siguiente, le faltó tiempo para soltarlo nada mas llegar al desayuno familiar. A Franco y a toda su familia les hizo mucha gracia”.
Lo que no cuenta porque posiblemente no lo sepa aunque lo suponga es lo que todos pensaron sobre el motivo por el que habían roto la cama. Por discreción, fácil es deducirlo, nadie dijo nada. Pero se imaginan al marqués de Villaverde con la coña que se gastaba. ¡Menudo cachondeo!

No sería la primera vez que una cama jugaba una mala pasada a don Juan Carlos y a Doña Sofía. En esta ocasión también fue en un palacio, nada menos que en los Reales Alcázares durante la primera visita oficial a Sevilla.

Como era lógico y natural el dormitorio asignado a los Reyes no fue otro que el utilizado por el anterior jefe del Estado, general Franco, cuando visitaba la ciudad.

Lamentablemente Rafael Manzano, ilustre arquitecto-conservador del Palacio y anfitrión del real matrimonio, no tuvo en cuenta la diferencia de estatura entre los dos: 1.62 de Franco frente a 1.88 de Juan Carlos. Pero no fue la longitud de la cama lo que les impidió dormir como Dios manda. La culpa la tuvo una inundación que convirtió la noche sevillana en una noche toledana.

Cuando el regio matrimonio se fue a la cama advirtió que de los grifos del baño no salía ni gota de agua a consecuencia de una grave sequía.

¿Qué había sucedido? Simple y sencillamente que para remediar tan incómoda situación, el señor Manzano decidió utilizar aquella noche el depósito de reserva del palacio cuando los reyes ya se habían ido a dormir sin advertírselo. Éstos, intentando comprobar si había agua o no, se dejaron los grifos abiertos. Y era ya madrugada cuando don Juan Carlos y doña Sofía advirtieron que el colchón estaba flotando en el dormitorio totalmente inundado. Como resultado, la primera noche de la primera visita oficial a Sevilla se convirtió en una noche pasada por agua.