Jaime Marichalar, el único

Aunque desde que se divorció de la infanta Elena, el 15 de diciembre de 2009, ha mantenido un respetuoso silencio, sin embargo, estos días y ante los ataques de que está siendo objeto el rey Juan Carlos, quien fuere su yerno durante 14 años, a través de un escrito en La Otra Crónica de El Mundo, es el único miembro relacionado con el Emérito que lo ha defendido públicamente y con vehemencia: “Yo estoy con Su Majestad el Rey Juan Carlos”.

Ni sus hijas Elena y Cristina, ni su hermana Margarita, ni sus sobrinos ni nietos, Maria Zurita, Simoneta y Alfonso, Fernando, Juan Filiberto, Juan Froilán, Victoria Federica, y Juan Valentín han dejado oír sus voces en defensa de su tío y abuelo el rey Juan Carlos.  ¿Y qué decir de sus amigos que nada dicen: Alberto Alcocer, Javier Corsini, Miguel Arias, Cristina Iglesias, Josep Cusi, Pedro Campos, José Fanjul y muchos más. Solo, el único, Jaime Marichalar.

Con tal motivo merece recordemos a aquel joven, alto, amable y de aspecto aristocrático aunque un poco antiguo que, el 18 de marzo de 1995, se convertía en consorte real casándose con la infanta Elena. La reina doña Sofía, tan exigente entonces aunque ya empezaba a tirar la toalla, vio en Jaime un buen candidato como marido de su hija, la más rebelde de la familia y fuente de preocupaciones para los reyes, por lo que deseaban casarla cuanto antes. Con más de 1.90 de estatura, doña Sofía debió pensar que era el hombre adecuado a su talla de buena moza. Además, en sus modales refinados, elegante, de una rebuscada exquisitez un poco antigua, se le notaba la solera de la familia, el único monárquico que entraba en la Familia Real ya que ni Iñaki Urdangarin, hijo de un nacionalista vasco, ni Letizia de familia republicana, tienen nada que ver con la monarquía.

Pasaron los años y la prensa le hizo blanco de sus más aceradas y crueles críticas. Aunque él sabía que el personal no le admiraba pero tampoco le detestaba. Simple y sencillamente era curioseado. Su pasión por la moda, por un lado innata y por otro adquirida durante su estancia en Paris, le hizo relacionarse con ese mundo tan exquisito, al máximo nivel. Fue nombrado consejero de Loewe y del grupo LVMH.

Pero en la tarde del 22 de diciembre de 2001 después de haber celebrado en familia el 38 cumpleaños de Elena, Jaime sufría un infarto cerebral mientras se encontraba realizando ejercicios de bicicleta estática en el gimnasio al que acudía habitualmente. El ictus le provocó la obstrucción de la arteria cerebral derecha lo que clínicamente se manifestó con una hemiplejía izquierda: no podía mover el lado izquierdo de su cuerpo. El ictus trastocó la vida familiar . Digamos que fue el principio del fin de su matrimonio que quedaba definitivamente roto en noviembre de 2007. Lo mas duro fue asistir a su nuevo estado de incapacidad. Y dejo de ser quien había sido. Para no hundirse, comenzó a desarrollar una actividad frenética no siempre adecuada a su rango como una especie de huida hacia delante. También viajaba a Paris para asistir a los desfiles de modas. En uno de estos viajes, el avión tuvo que regresar a Madrid a causa de una indisposición de Jaime que le hizo perder el conocimiento. La infanta tardó horas en acudir al hospital. Los reyes no lo hicieron nunca. Triste final para quien fue un dignísimo consorte a diferencia de Iñaki Urdangarin que siempre cayó mejor que Jaime incluso al rey Juan Carlos. Lo que se desconocía aún en la biografía de Iñaki es que fuera ambicioso, económicamente hablando. Desde el primer momento se dedicó a sacar partido a su condición de yerno real, olvidando que su posición mas que un privilegio, era una servidumbre. “Trabajo, sí; negocios no”.  Nada que ver con Jaime Marichalar.