“¡Dios salve al Rey!”

En la década de los 90 yo publicaba una interesante (con perdón) trilogía sobre la Familia Real española bajo el premonitorio título “¡Dios salve....!” : “A la Reina”, (en 1993); “También al Rey” (1995)y “¿Y quien salva al Príncipe?” (1996).

Los tres volúmenes editados por Temas de Hoy, editorial dirigida por mi querida y admirada amiga Imelda Navajo, responsable, actualmente, de la Esfera de los libros.

Esta trilogía no pretendía ser institucional, oficial u oficiosa. Ni siquiera contó con la aprobación y el aplauso de la Casa Real. Ya me lo advirtió la entonces la Directora de Relaciones Exteriores de La Zarzuela, Asunción Valdés,  cuando le solicité, no información, sino fotografías para las portadas. “El que te facilitemos material podría dar a entender que aprobamos los libros”. Así era la magnífica “miembra” del staff de la Casa, llamada, también, por los compañeros de la Prensa “La tercera Infanta”. Por lo bien que desempeñaba su importante responsabilidad.

Para la redacción de esta trilogía no pedí la colaboración de propios y extraños, próximos o lejanos al círculo real para no implicarles en el contenido. Porque con esta trilogía pretendía iluminar las sombras de la vida privada de doña Sofía (¿Es feliz en su matrimonio?, preguntaba yo entonces); de don Juan Carlos (“Nadie puede salvarle, solo Dios y, en todo caso, él mismo” y del entonces príncipe Felipe (“el amor, las novias, el dinero de la Corona, las conjuras y las peticiones de república”).

Releyendo estos libros, encuentro en el del Rey el siguiente comentario que bien podría haberse escrito hoy: “Don Juan Carlos es un ser humano que se siente solo y busca la complicidad de ciertos amigos para salir de esa soledad. ¿Por que el hombre no puede atravesar con su mirada todos los velos que ocultan los repliegues secretos del corazón humano, verlo tal como es, volver a cerrarlo y poder, después , elegir a sus amigos y a sus amigas. Posiblemente así y solo así no se equivocaría nunca y evitaría ser criticado mas por sus obras que por sus amigos y amigas. Porque en la amistad como en el amor hay que saber elegir. Y, como en el amor, también nos equivocamos en la amistad. Quizás es que a quien no se muestra amigos de nuestros vicios no le queremos como tal e incluso le consideramos un enemigo.

Al repasar la lista de todos los que , de alguna u otra manera y en algún momento, han gozado del gran favor de la amistad real como antaño a la de Franco, para hacer grandes negocios tanto éstos como el propio Rey. “Con tanto paraíso fiscal, tanto testaferro y tantas empresas interpuestas ¡vaya usted a saber quien es quien y, sobre todo, de quien es el dinero”,  escribía ya, premonitoriamente en el año 1995. Tal parece que hablamos de hoy y de la misma persona. “¡Dios salve al Rey!”.