Suspenso para Felipe

Ni Felipe ni Sánchez han tenido mucha suerte. El primero, heredando no la fortuna de su padre sino el trono como Rey y el segundo, la presidencia del Gobierno que él se la prometía muy feliz. Ni el uno ni el otro se han convertido en lo que son en el peor momento de la historia de España.

Felipe VI,  a pesar de la frenética agenda de “audiencias virtuales” con mandatarios internacionales y con toda clase de líderes nacionales, casi siempre en compañía de Letizia, no ha logrado ni un triste aprobado en la encuesta entre 1,200 ciudadanos de SocioMétrica del pasado 28 de abril con un 4.8,  dos décimas menos que el aprobado raso que obtuvo en la última encuesta.

Se trata del primer suspenso de su reinado. Posiblemente, las comparecencias por vídeo-llamadas desde el despacho de Felipe recordando las de Sánchez desde Moncloa, no han tenido un efecto positivo.

La imagen distribuida por Zarzuela no podía ser más triste. Cierto es que el tema no era para mostrarse festivos y alegres pero ninguno de los dos transmitía la menor empatía sino, más bien, frialdad.

Resulta curioso que hayan sido los ciudadanos entre 46 y 65 años los que menos puntuación les han dado solamente superados por militantes del PSOE que le han dado un 3,6 y los de Podemos un 2.2.

Ignoro quien aconsejó a don Felipe lo de la renuncia a la posible herencia de su padre que, según el Código Civil, no es posible, pero, sobre todo, apartarle de la vida oficial suprimiéndole la asignación de 194.232 euros que, dentro de los Presupuestos Generales del Estado, viene recibiendo desde el momento de la abdicación. Muchos españoles lo tomaron como una humillación pública a su padre.

Según la compañera Pilar Eyre “antes de tomar esta terrible decisión, Felipe habría mantenido una conversación con Letizia y que ésta había sido muy dolorosa. Y también para Sofía, quien se encontró a su hijo llorando. “Me duele. Para ti es fácil”,  le habría dicho Felipe. “Figúrate que se tratara de tu padre”.

De lo que no existe la menor duda es que la inductora fue la consorte que nunca sintió por el rey Juan Carlos la menor simpatía. Cierto es que el suegro tampoco por la nuera. Lo mejor que había dicho de ella es que era

“una chica muy lista”, con toda la carga peyorativa que la palabra tiene.

Y como es “una chica muy lista”, pensaría, con toda la razón, que los escándalos financieros y sentimentales del suegro podrían poner en peligro que ella pueda convertirse un día, en reina madre, que es lo que realmente quiere ser.