¡Qué solos se quedan...los vivos!

Féretros del Palacio de Hielo. Foto: Diario El Mundo |

La columna de esta semana es atípica. Pero de obligado contenido.

Está dedicada a Pedro Manuel A.C., a Manuel Luna De Maria, a Irma Kolh, a Alfonso A. (Pro Letizia), Kalysw,  a John Leffitte y a Aurora Vázquez.

Todos ellos, lectores habituales, semana tras semana, de esta columna y que se han interesado por mi salud, víctima del maldito coronavirus del que he logrado salir porque no era llegada mi hora.

Además, el hombre no nace del todo hasta que muere como yo lo estuve en una inolvidable madrugada en la que acepté que la vida es el camino de la muerte. Y que la vida que yo he vivido a lo largo de tantos y tantos años solo existió en función de la muerte, término y principio, separación y unión consigo mismo.

Y aceptaba la muerte no con resignación del cristiano que soy sino porque reconocía en esos dramáticos momentos que vivir miserablemente vale mas que morir en plena gloria profesional.

Y la aceptaba sin miedo alguno, consciente de haber vivido lo suficiente y con plenitud. En esos momentos reconocía que a pocas personas les ha sido dado llegar tan lejos, dejando, profesionalmente hablando, grato recuerdo de mí. Solo me preocupaba la soledad en la quedaba Carmen, también afectada por la pandemia aunque más levemente y por la que se han interesado Irma Kolh y  Manuel Luna De María. ¡Gracias!

Me dolía condenarla a esa terrible soledad después de tantos años de vida intensamente feliz. En ese momento y aunque a ustedes, queridos amigos, les cueste creer pensaba lo equivocado que estuvo Gustavo Adolfo Becquer cuando escribió aquello de “¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos”!  Cuado la soledad es un infierno para los que, como Carmen y 17.489 españoles (cifra oficialmente mentirosa de ayer mismo) se quedaban viudas como ella,  huérfanos, padres y madres sin hijos.  El poeta sevillano ignoraba que todos los actos del ser humano solo tienden a huir de esa soledad. Porque solo hay un sufrimiento, con esta pandemia, quedarnos solos.

Qué cosas se piensa cuando uno está seguro de que se va. Como yo estaba seguro esa madrugada de hace dos semanas.  Afortunadamente puedo contároslo, queridos lectores, hoy más queridos que nunca.