El rebelde despertar de los hijos de la Infanta

La pasada semana, el compañero de El Mundo, Eduardo Álvarez, ponía toda su atención en los hijos de las infantas Elena y Cristina, a propósito de los escándalos que vienen protagonizando, antes Froilán y hoy, su hermana Victoria Federica, llamando “¡gilipollas!” a voz en grito, en plena calle del centro de Madrid, a un conductor que, al intentar aparcar, casi la roza involuntariamente.

Una actuación que nadie puede reírle, a diferencia del comportamiento de Froilán cuando, en la boda de Felipe y Letizia en la que actuaba de paje, la emprendió a mamporros y patadas contra otros pajes y damitas en pleno altar mayor de la catedral de La Almudena. Aquella gamberra actuación a todo el mundo divirtió. El muchacho ya apuntaba maneras que fueron in crescendo con la edad, transformándose en un muchacho provocador, consciente de su privilegiada posición social. Lo que no impide ni a Froilán ni a su hermana ennoviarse con quienes no les conviene.

El primogénito del ex duque de Lugo, con Mar Torres, una joven que ha hecho de su cuerpo un catálogo de cirugía estética desde la cara al culo pasando por el pecho. Y Victoria Federica, primero con un torerito, Gonzalo Caballero, con los alamares de su traje de torear a modo de pendientes colgados de las orejas. Posteriormente, cambió las plazas de toros por las discotecas de un novio, Jorge Bárcenas, de profesión Dj. Tanto el primogénito de la Infanta como su hermana ocupan una privilegiadísima posición en la línea de sucesión al trono de España: el cuarto y el quinto puesto. Y lo peor del caso es que, al menos Froilán, se lo ha creído. De todas formas, los dos hermanísimos podían muy bien concursar para Supervivientes. Méritos reúnen.

No soy el más adecuado para hablar de los hijos por mi triste y dramática experiencia como padre de una preciosa y única hija, Isabel, fallecida tras un larguísimo calvario en el sórdido mundo de las drogas. Sin que ni su madre ni yo pudiéramos hacer nada por salvarle la vida, como reconocimos públicamente en la esquela publicada en ABC, con motivo de su muerte.

Pero voy a hacerlo para que algunos padres reconozcan, como reconozco yo, la parte alícuota que diría un pedante, que podemos tener en la vida de nuestros hijos fuera de casa.

Lo que no podemos evitar es el paralelismo entre el comportamiento de los hijos de la infanta Elena y los de la infanta Cristina. Cierto es que Froilán y Victoria Federica son hijos de padres divorciados ¡Desde hace once años! Circunstancia tópica a la que se recurre para justificar determinados comportamientos aunque, en esta caso, todo parece que el buenazo de Jaime ha tirado la toalla. Estoy seguro debe avergonzarle los comportamientos de sus hijos, sobre todo, de Victoria Federica manteniendo enfrentamientos públicos con su madre que le afeaba el horario de llegada a casa. Frente al divorcio de los Marichalar, nos encontramos con algo peor: el encarcelamiento de Iñaki Urdangarin, mucho más grave y escandaloso y que ha unido a los cuatro hermanos como una piña en torno a su madre, tres chicos y una chica de comportamientos nada que ver con los de Elena. Y que llevan con toda dignidad la situación carcelaria de su padre aunque arrastrando, públicamente, la tristeza y la vergüenza que les produce. A diferencia del divorcio que no avergüenza a los hijos sino que incluso es deseable si la convivencia es un infierno. Por ello nadie entiende, la cruel actitud de Letizia contra estas criaturas a las que hace el vacío impidiendo el acercamiento a sus hijas Leonor y Sofía ¿Qué teme?