Las reverencias

Hasta ahora, en las recepciones reales era frecuente ver a algunas o a muchas señoras haciendo lo que los cúrsiles y pedantes llaman un “plongeon” ó reverencia al rey y a su consorte incluso a las niñas. Por lo general, los protagonistas de estas reverencias eran de derechas, del Partido Popular.

Independiente de que, como diría la inolvidable Maria Dolores Pradera ya no se estila, todavía hay quienes la hacen aunque cada vez menos.

En la reciente ceremonia de la Apertura de la actual Legislatura hubo algunas diputadas que la hicieron, algunas, como mi estimada Álvarez de Toledo que lo hizo de forma muy pronunciada.

Si la reverencia de una señora a un hombre aunque éste sea el rey es criticable, mucho más si el protagonista del “plongeon” es un hombre, como vimos a Iván Redondo, ese gurú del presidente, protagonista del mayor cabezazo de la democracia al cuestionado presidente de la Generalitat catalana ante la mirada complacida de Sánchez.

Pienso que Quim Torra debió sentirse tan complacido como Letizia cuando vio, nada menos, que a la duquesa de Alba haciéndole una pronunciada reverencia. Y eso que había sido muy critica con la elección que Felipe había hecho, eligiendo a la nieta de un taxista para esposa. Cuando se lo critiqué, me dijo “es que yo soy muy monárquica”.

Cayetana también fue protagonista del mayor “plongeon” de la historia a la reina Isabel de Inglaterra cuando viajó a Madrid en visita oficial.

Siempre se había dicho, ridículamente, que si la duquesa de Alba coincidiera con Su Majestad Británica, ésta debía cederle el paso ya que poseía mucho mas títulos que la reina Isabel. Quienes tal tontería decían ignoraban que no se trata de cantidad sino de calidad.

Esto se puso de manifiesto la noche de la recepción en honor de la soberana en el Palacio Real de Madrid. Todo el mundo pudo ver como Cayetana no es que le hiciera una reverencia sino que llevo su rodilla derecha hasta el mismísimo suelo, al tiempo que inclinaba la cabeza en señal de respeto. Desde ese día se dejaron de decir tantas tonterías.

De todas formas, no olvidemos que, cuando se hace una profunda reverencia a alguien, se da siempre la espalda a algún otro.
Pero, sobre todo, jamás tendríamos que olvidar, a la hora de reverenciar a alguien, que solo debemos respetar en cada hombre al hombre, si no el que es, al menos el que podría ser, el que debería ser.