El elocuente lenguaje de las fotografías

El tormento de la ausencia es peor que el de la presencia porque la ausencia es como el fin de la vida, que decía Lope de Vega.

Ignoro si la reina Isabel II de Inglaterra ha tenido presente estas máximas, pero tal parece.

Porque mientras Felipe VI, en la lectura de su mensaje navideño mediante el autocue, solo colocó una pequeña fotografía de su familia, (él, la esposa y las dos hijas) con cuarenta y siete ciudadanos a los que había condecorado con la Orden del Mérito Civil, en junio de 2019, su colega británica lo hizo con una espectacular “mise en scene” fotográfica, durante el mensaje navideño.

El enojo de Su Graciosa Majestad con los comportamientos de algunos de sus familiares tan próximos como su hijo Andrés, el más querido de todos ellos, y su nieto Harri, se ha visto y bien destacado durante el mensaje, dejando en evidencia los disgustos que le han producido sus comportamientos.

Por una vez, las fotografías aparecían colocadas en primer plano, a su derecha y sobre la mesa desde la que se dirigía a los ciudadanos británicos. No una ni dos sino cuatro: su padre, el rey Jorge VI, su marido, el príncipe Felipe de Edimburgo de 98 años, su hijo y heredero el príncipe Carlos con su esposa Camilla y su nieto el príncipe Guillermo con su esposa, la deliciosa Kate, y sus nietos George, Charlotte y Louis.

Ausentes, el príncipe Andrés, a quien ha alejado de la Familia Real al igual que Felipe VI hizo con su hermana, la infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarin. También su nieto el príncipe Harri, a quien su esposa, la mestiza Meghan, ha alejado de la familia negándose a participar en las tradicionales reuniones organizadas por la reina en Sandrighan, con motivo de la Navidad, arrastrándole a Canadá para celebrar las fiestas junto a su madre, Doria Ragland.

Posiblemente, Harri piense, desde que se casó con Meghan, que, una vez cada cincuenta años, una familia como la que él pretende formar, debería volver a la masa de la humanidad oscura y olvidar todo lo de sus reales antepasados. Pero no un descanso institucional de ida y vuelta sino para siempre. Porque la buena o aceptable imagen que tenían se ha diluido por el retrete junto a la de su tío Andrés, un delincuente en la corte de Su Graciosa Majestad.