In memoriam

Hace una semana, dedicaba esta columna a la muerte de un amigo con el titulo ¡Que solos nos quedamos los vivos! Esa soledad era relativa.

Todavía, afortunadamente, todavía me quedan algunos. Entre ellos, Pepe Oneto, pensaba yo. Y miren ustedes por donde también se ha ido, cuando el otoño de nuestras vidas coloca canas en la cabeza y en el alma.

El gran Pepe Oneto formaba parte de la trayectoria profesional de mi dilatada existencia. Asimismo de mi vida más íntima. Recientemente, tuve la satisfacción de que él y Paloma nos acompañaran a Carmen y a mi en un acontecimiento muy privado celebrado en la ciudad de Granada donde nací. Con esto esta dicho todo. Aceptó incluso la tiranía de la corbata de la que era tan enemigo. ¡Pero que elegante estaba!

Cuando un amigo se va, como se ha ido Pepe, recurres a dos archivos: al de la memoria y al profesional, en este caso. Los dos ponen de manifiesto cómo enriqueció mi vida.

Nunca, jamás, he conocido a nadie con más y mejor sentido del humor. No por ser gaditano, de San Fernando, donde va a ser enterrado. Ni porque fuera un periodista de éxito sino porque era el mejor traje que podía lucir en sociedad.

Viajar con él era un regalo, era un placer. Juntos hemos recorrido medio mundo acompañando a los Reyes auténticos. Me consta que Don Juan Carlos le consideraba, le estimaba y, a lo mejor, hasta le quería. Todo lo que un rey puede querer, of course. Estoy seguro que sentirá la muerte de un periodista que, sin ser cortesano, fue siempre leal.

Hoy recuerdo como si hubiera sucedido ayer cuando Don Juan Carlos nos amenazó a Pepe Oneto y a mi “¡no vais a volver a viajar conmigo!”, durante un incidente en la embajada de España en Yakarta en el que, ninguno de los dos, habíamos tenido arte ni parte. Simple y sencillamente testigos.

El sentido del humor de Oneto era tal que no le importaba pasar una noche en blanco para gastar una broma, como sucedió en la República Dominicana o en el hotel de San Petersburgo.

Su vida profesional y la mía se han entrecruzado varias veces a lo largo de estos últimos cuarenta años.

En el Grupo Zeta de Antonio Asensio que le idolatraba. En Antena 3 cuando me envió a Londres a cubrir los funerales de Diana y, últimamente, en Republica.com, este nuestro periódico en el fue Consejero Editorial y yo columnista.

Nunca creí, queridísimo Pepe, que iba a dedicarte estas líneas in memoriam siendo diez años mayor. Una magnifica edad. Para vivir o para morir. A cualquiera de los dos nos podía tocar. Desgraciadamente para Paloma, para tu hijo Erik, para tu nieto Adrián y para mi tendremos que esperar. Pero… ¡nos dejas tan solos de ti!