Esos herederos que aparecen

La repentina muerte de Camilo Sesto ha dejado al descubierto el espinoso tema de esos herederos que, sin haber tenido una gran relación, se convierten en herederos universales de los bienes del difunto.

Pero, por ley, herederos forzosos son el viudo, la viuda e hijos si los hubiere. También hermanos, primos y demás parientes siempre que no existieran los anteriores.

En el caso del gran Camilo Sesto, fallecido el 8 de este mes de septiembre, resulta que su único descendiente era ese hijo llamado Camilo Blanes, nacido de una relación que el cantante tuvo con una admiradora, llamada Lourdes Ornelas, con quien no tenía relación alguna y que siempre acusó a Sesto de su comportamiento como padre aunque, de vez en cuando, se visitaban y éste ¡como no! le ayudaba económicamente.

De todas formas, a Camilín le ha llovido del cielo una inmensa fortuna que su padre había amasado durante muchos años de éxito.

Nada más conocer el fallecimiento, tanto el hijo como la madre viajaron desde Méjico, lugar de su residencia, a Madrid, refugiándose en el chalet donde ha vivido y muerto el cantante, en espera de conocer el testamento que le ha dejado como heredero universal de todas sus posesiones y cuentas corrientes así como sus derechos de autor.

Aunque existe un albacea, Cristóbal Hueto, la última palabra la tendrá el heredero. Para empezar, ha paralizado el homenaje que por propio deseo del cantante iba a celebrarse en Alcoy, la ciudad donde nació en 1946.

Esta muerte y esta herencia me ha recordado la que yo viví en directo y muy personalmente, la de Encarna Sánchez, quien, a diferencia de Camilo, no tenía hijos ni testamento. Solo un papel que apareció en “ultimas voluntades” en la que dejaba todos sus bienes, que entonces eran muy escasos, a Pilar Cebrián, la persona que se encargaría de cuidar a su madre durante su estancia en Méjico.

Pasaron los años, Encarna regresó a España y empezó a triunfar y se olvidó de Pilar y de aquel papelito que apareció a su muerte.

La lluvia de millones que cayó sobre su antigua amiga, declarada heredera universal, impidió que cualquier pariente de Encarna pudiera acceder a bien alguno de la archifamosa locutora.

Aunque Carmen Jara, la mejor amiga que siempre tuvo, amiga en el mejor sentido de la palabra, le aconsejaba hiciera testamento, Encarna siempre se negó. No le gustaba ni que se le nombraran. Por aquello de ¡lagarto, lagarto!

De lo que no me cabe la menor duda es que si Isabel Pantoja se lo hubiese pedido, ella hubiera sido la heredera universal.

Pero, por los motivos que no vienen al caso, Isabel demostró ser poco interesada, rompiendo su relación sentimental cuando Encarna estaba ya sentenciada a muerte.