El cumpleaños de Letizia

Este pasado domingo, Letizia Ortiz Rocasolano cumplió 47 años. Aunque no es una fecha redonda, como será la de los 50 ¡no quiero pensar como se festejará ese medio siglo de existencia!, pero este es un buen cumpleaños.

Pocas mujeres hay en el mundo que hayan logrado hacer realidad eso de casarse con el príncipe de sus sueños. Aunque ella nació en el seno de una familia republicana, “se trataba de un republicanismo de más postureo que combativo, más genético que ideológico”, como reconoce David, ese polémico primo de la consorte.

Sin pertenecer a la nobleza, ni a la aristocracia ni tan siquiera a la sufrida clase media sino a la llamada “ordinary people” (Portero-García Pelayo dixit)), era hija de un técnico de radio, de una enfermera y nieta de un taxista comunista.

Se da la circunstancia que ese mismo año de 1972 en que ella nace, se casa, el 8 de marzo, la nieta de Franco, Carmen Martínez Bordiu . Fue una boda calificada “de la conspiración” ya que tanto el novio, Alfonso de Borbón, primo de don Juan Carlos, como toda la familia de la novia aspiraban a convertirse, con este matrimonio, en los futuros Reyes de España. De haberse celebrado años antes, la Reina consorte de España no se hubiera llamado Letizia sino Carmen. ¡Qué gran casualidad!

Durante los 15 años transcurridos desde su matrimonio con Felipe, Letizia ha cambiado de estatus, de periodista a consorte real, pero no de carácter. Sigue siendo la mujer fría, distante, maleducada, dura y hasta violenta, como lo demostró públicamente al agredir gestualmente y de palabra a la reina doña Sofía.

Cierto es que, como he escrito varias veces, ella no ha engañado a nadie. Fría, distante y agresiva lo fue en la ceremonia de su presentación a la prensa en el Palacio de El Pardo cuando, no le pidió sino le exigió, le ordenó, a un Felipe, entonces enamorado como un tonto, que la dejara hablar, que no la interrumpiera.

Y desde aquel histórico 5 de noviembre de 2003, no ha defraudado sino que ha ido a más hasta el extremo de que a Felipe se le ve serio, tenso y preocupado en todas las comparecencias acompañado de Letizia, temiendo que, en cualquier momento, su endiablado carácter le juegue una mala pasada y no se controle.

Como ha pasado hace unos días cuando reaccionó con violencia contra un escolta porque, a su juicio, no le había advertido de un desnivel del suelo que pisaba durante su visita a Sevilla. “¿Es que no has visto que ahí hay un escalón? ¡Por poco me mato!

Estoy seguro que de haberlo hecho, Letizia le hubiera respondido: “Tengo dos ojos y ya lo he visto”. ¡Qué peligro tiene esta mujer! ¡Miedo da!
De todas formas, como la auténtica felicidad cuesta poco, te deseo un cumpleaños feliz, muy feliz.

P.D

A pepito: vuelve a errar en lo referente a Luis Enrique y la muerte de su hija. Si es cierto que escribí en mi columna de El Mundo que le había sucedido lo mismo que a mi: la pérdida de una hija. Pero, en ningún caso, estimado amigo, he pretendido jamás comparar el cáncer infantil con la drogadicción. Por supuesto no es lo mismo. Pero estará de acuerdo que tanto él como yo hemos sufrido lo más dramático que puede afectarle a un padre como es la pérdida de un hijo, en esta caso hija, y de la que nunca nos recuperaremos. No lo olvide ni nos olvide.

Para Aurora Vázquez: por supuesto que mas que poder debemos tutearnos. Y lleva razón cuando asigna al príncipe Carlos la parte alícuota de culpa en las frivolidades del caso Diana. Pero no solo con lo del tampax “vulgar y esperpéntico” o como acertadamente escribe. ¡Que cosas se dicen los amantes, los novios , las parejas de enamorados en los momentos cumbres de las relaciones sexuales….!

Para Raquel: la frase exacta de la reina Isabel ante las infidelidades de Felipe de Edimburgo fue: “ Yo, a mi esposo no le pido fidelidad sino lealtad”. No es lo mismo aunque si una forma elegante de conformarse. En cierta ocasión, se la brindé a nuestra reina doña Sofía y a todas aquellas esposas enamoradas pero … engañadas. También se la brindo a los hombres en las mismas circunstancias, para que no me tachen de machista.