El Biarritz que yo conocí

Este semana, la localidad francesa de Biarritz ha sido noticia por la Cumbre del G7. Para este columnista muy evocador. Por dos motivos: el primero, porque el palacete del que hablamos a continuación fue el regalo que Napoleón III hizo a mi paisana Eugenia de Montijo, en 1854, con la que se había casado en 1852, convirtiéndola en Emperatriz de los franceses.

Desde su construcción, recibió el nombre de “Villa Eugenia” hasta que, en 1880, fue comprendo por el Banque Parisienne, transformándolo en el Hotel du Palais que sigue siendo hoy.

Dicen que hizo época entre las dos guerras mundiales. Cuando finalizaron, llego a ser el dorado rincón de Francia y también la válvula de escape para los españoles amantes del juego y de los casinos.

El otro motivo evocador es que, el 2 de septiembre de 1959, los Duques de Windsor, con quienes tenía una muy especial relación profesional y personal, me invitaron a acompañarles a Biarritz donde la gran Pastora Imperio junto con mi amigo Gitanillo de Triana, aquel gran torero , había abierto un local llamado “El Duende”.

Pretendía competir, nada menos, que con el famoso casino, la única atracción de la bella localidad francesa, con el mejor cuadro de cante y baile flamenco.

Durante los días que estuve allí, no dejé de acudir un solo día, lo que me dio la oportunidad de departir durante horas con Wallis Simpson sobre su gran amiga Dolores Amaya. Recuerdo sus gestos entusiasmados ante lo que pasaba en el tablao. Pastora Imperio fue supervisora de las lecciones de baile de la esposa de Eduardo VIII, de la esposa del Duque de Windsor.

“He descubierto en ella el temperamento suficiente para calibrar bien unas bulerías o unas soleares quejumbrosas he negras”, escribí yo en el reportaje que publique en la revista Gaceta Ilustrada. “Hay que tener mucho fuego en el corazón para bailar y entregarse enteramente a ello. Pero soy muy mayor para bailar esto pero no para sentirlo. Pastora es una gran bailaora y lo poco que se, me lo ha enseñado ella”.

P.D.

Para Offtopic: De un tiempo a esta parte, se ha convertido en la abuela de Leonor y Sofía con mucha mas autoridad, desgraciadamente, que doña Sofía.

Pep ito: no me molesta que se ponga en evidencia mi falta de memoria. Creo que la tengo y buena salvo cuando me equivoco. Si le parece bien, repetiré cien veces en la pizarra “Cabo Kennedy” en lugar de “Cabo Cañaveral” y que usted tenía toda la razón. Esto le hará sentirse mejor y le pido mis disculpas por mi error. Pero me sorprende que me atribuya falta de educación cuando hablo de Letizia y sus hijas. No es necesario firmar con nombre y apellidos para que yo le crea y le respete.

Para Aurora Vázquez: estimada lectora yo no critico que se vayan de vacaciones. Como todo el mundo. Lo que comento negativamente es que lo hagan con opacidad y en secreto el lugar elegido. La tan cacareada Ley de Transparencia impuesta por Felipe desde el primer día de su reinado …. lo exige.

Manuel Díaz, gracias por leerme desde Nueva York. Pero, al igual que a Aurora no comparto su opinión sobre las vacaciones. Todas las Casas Reales europeas han hecho público estas semanas el lugar elegido por todos y cada uno de sus miembros para descansar. Menos Felipe, Letizia y sus hijas. ¿Donde han estado? Todo son rumores que van desde el Caribe hasta las Barbados. Por inventar que no queda. Pero este es el resultado de tanta opacidad.

Estimado Alfonso. A. Me duele que piense o crea que doy la sensación de sentirme “superior y condescendiente para el resto del mundo. Solo soy, y usted lo sabe, un periodista honesto e independiente. Y, como usted, optimista. Con respecto al tratamiento que la prensa española da a Letizia, lamento decirle que no es del todo correcto y exacto. Como dijo Doña Sofía, yo solo soy la consorte del rey y, en todo caso, reina consorte, Ese es mi titulo. Estimado Alfonso: la Jefatura del Estado no es, nunca, bicéfala por lo que eso de “los reyes Felipe y Letizia” no es del todo correcto. Este comentario lo hago extensivo a Borghese Ludovico.

A Julia Romero Sánchez aunque mucho le honra insultar con su nombre y apellidos, lamento no contestarle. No solo es una exigencia de este periódico sino una decisión mía. ¿Vale?, que diría un castizo.