De la tumba de Mussolini a la de Franco

Siempre he sentido una muy especial admiración por Italia. Posiblemente, por mi ascendencia italiana por parte de madre cuyo segundo apellido era Smenotta. Al parecer, un representante del Papa, como Nuncio Apostólico en España, vino, en el siglo XVII, acompañado de su amante, una bailarina, a la que compró o construyó, que eso no está muy claro, un precioso Carmen, en el Albaycín de Granada, donde nació toda mi familia materna. Yo también.

Mi abuelo paterno, que era un gran magistrado y además masón, decía que todos los descendientes de Su Eminencia Reverendísima el cardenal, éramos sacrílegos porque descendíamos de un príncipe de la Iglesia. A mí, personalmente, la historia, verdad o mentira, siempre me apasionó. ¡Menuda novela por escribir! A lo mejor, un día me animo si es que ya tengo tiempo.

Por todo lo expuesto, no es extraño mi pasión por Italia y los italianos. Cuando oigo y leo que se les critica siempre digo: ¡ya quisiéramos ser como ellos en todo!

Estoy seguro que el tema de la columna de hoy a muchos de los lectores con quienes me gusta mantener contacto epistolar, a lo peor no les gusta. A lo mejor, sí. A mí, personalmente, que la tumba de Mussolini se convierta en una atracción turística me parece un acierto de las autoridades de la ciudad donde se conservan los restos mortales del Duce. Dicen que será “un motor económico para el municipio”.

Como lo es para Moscú la tumba de Lenin. O para Pekín la de Mao, nada menos que en la plaza mas importante de la ciudad, la de Tiananmén. Ó el Mausoleo de Ho Chi Minh, en Hanoi.
¿Por qué no se permite que la familia Franco traslade los restos mortales de Franco a la catedral de La Almudena, la más fea catedral del mundo?

Seguro estoy se convertiría en una atracción turística de primer orden. Independiente de la visita de sus nostálgicos partidarios. Como sucede en Predappio, donde ayer, fecha del nacimiento de Mussolini ( 29 de julio de 1883) se abrió la cripta en la que se encuentra su tumba.

El alcalde Roberto Canali y según el compañero Gómez Escorial, se siente feliz ya que desde el punto de vista turístico “puede ser una mina para el pueblo”.

Seamos prácticos y aprendamos de los italianos. O de los rusos. O de los chinos o vietnamitas que, importándoles un carajo la momia, buen resultado económico le sacan.

PD

A GIORDANO BRUNO: Me gustaría supiera que soy un profesional cualificado, independiente y respetado quien, a diferencia de otros muchos periodistas, no soy cortesano sino leal, lo que no me impide ser crítico. Por supuesto señor Bruno, en mi corazón no anidan sentimientos negativos hacia Felipe VI ni hacia nadie. Y, menos “inquina y resentimiento”. Soy un hombre medianamente feliz, en todos los aspectos que, a lo peor, a usted le altera mucho.

A MARIO, estoy de acuerdo con usted que muchos políticos, empezando por el Presidente, deberían ganar mucho más por su trabajo y responsabilidad. No es de recibo que el jefe de gobierno gane poco más de cinco mil euros netos al mes. También pienso con usted que ya es hora de que los españoles se manifiesten sobre la monarquía mediante un referendum. Con los políticos que tenemos, no me cabe la menor duda que la Institución ganaría de calle.

A MARIANGELES, totalmente de acuerdo. Lo criticable no es que los Iglesias se hayan comprado un “casoplón” sino que lo haya hecho después de criticar tremendamente a quienes lo hacían.

A XERELLO, me alegro que opine como Mario. Lo de la república ya lo ha anunciado la impresentable pareja comunista de los Iglesias, nada que ver con Santiago Carrillo y La Pasionaria. “Una nueva república será la mejor garantía para una España unida”, dice él. “La monarquía es una institución que divide a España, necesitada de más democracia, más fraternidad y -¡atención!- menos privilegios para los de siempre, más igualdad”. Sin más comentario.