Esos hijos que no se conocen

Estos días, el titular del Juzgado de Primera Instancia numero 13 de Valencia, José Miguel Bort, ha reconocido a Javier Sánchez hijo de mi compadre Julio Iglesias.

Cierto es que el abogado del muchacho, Fernando Osuna, un grandísimo abogado, ha declarado que “Javier (43 años) está decidido a llevar el apellido Iglesias en cuanto la sentencia sea firme”.

Y lo dice sin que el cantante se haya sometido a las pruebas de ADN por lo que la batalla judicial puede eternizarse y llegar, incluso, a Estrasburgo.

El milagro es que no existan mas peticiones de paternidad. Según cuenta Alfredo Fraile, el que fuera su magnifico manager en sus Memorias “Secretos confesables” ( Ed. Peninsula) “era habitual que Julio invitara a multitud de chicas a pasar unos días en su casa de Miami… un día te encontrabas a una miss argentina, otro día a una azafata francesa, al día siguiente a una modelo belga o a una maniquí suiza… Aquello parecía la ONU”. (Sorprende que solamente una reclame).

Pero como reconoce Alfredo, él nunca vio a la portuguesa Maria Edite Santos. Yo, tampoco. Aunque me enfrenté a ella en el programa del inolvidable Julián Lago (fallecido el 4 de agosto de 2009 en Asunción, Paraguay), “La maquina de la verdad”, que se emitió en la cadena Telecinco durante los años 1992 y 1994.

Aquel día, la bailarina portuguesa Maria Edite acudió al programa con su entonces marido, Antonio Sánchez Sánchez que le había dado los apellidos al muchacho. Sin ánimo de ofender, le informé que no daba el perfil de las mujeres que mi amigo frecuentaba ya que, al igual que los caballeros de la película de Howard Hawks, Julito las prefería rubias, como Marilyn.

El marido de la bailarina portuguesa se sintió ofendido y como si hubiera mancillado su honor, se me encaró diciéndome: “¿Es que mi mujer no reúne las condiciones físicas para gustar a Julio Iglesias?”. Preferí no contestar a aquella pregunta tan machista más propia de un chulo que de un marido.

En lo referente a la negativa de Julio a hacerse las pruebas de paternidad, me decía:

“Si yo tuviera que estar haciéndome todas las pruebas de paternidad que me han atribuido, no habría tenido tiempo ni de cantar”.

Ignoro si esta negativa es suficiente para que le endosen ese hijo que no conoce. También el rey Juan Carlos se ha negado siempre a someterse a prueba alguna de presuntas paternidades, la del catalán Albert Sola y la de la belga Ingrid Satiau.

A lo peor ahora, aprovechando que ha perdido la inmunidad, lo intentan. Como lo pretende el catalán, a quien me enfrenté en un programa de televisión preguntándole;

– ¿En qué año nació usted?

– En mil novecientos cincuenta y seis….

– ¿Sabe usted lo que sucedió en la vida de don Juan Carlos?

– ¿……?

– Ese año, precisamente en las vacaciones de Semana Santa, el Príncipe que entonces tenia 18 años y era cadete en la Academia General Militar de Zaragoza, mató, accidentalmente, a su hermano Alfonso cuando jugaban con una pistola que creían descargada. ¡Para echar un polvo a su madre!

Los fines de semana, el cadete Juan Carlos los pasaba en el Gran Hotel de Zaragoza, bajo la estricta vigilancia del general Martínez Campos, aquel que le echó la bronca por montarse en el Pegaso del notario granadino García Trevijano y que obligó a Alfonso Armada y a un ayudante del príncipe que le acompañaban, a denunciar el accidente por atropellado a un ciclista y a recuperar el dinero que le habían dado para comprar su silencio. ¡Menudo era el general que lo controlaba todo! Como para ir a Barcelona de devaneos.

P.D A Giordano Bruno: aunque usted no haya oído nunca a Sanchez hablar un inglés perfecto, hay que reconocer que es bueno. Posiblemente es el único mérito que tiene. Aunque, como nos informa Mario (¡gracias!, también habla un buen francés y un poco portugués.

Con respecto al rey Juan Carlos no solo habla un perfecto inglés sino además un buen francés. Era el idioma con el que se relacionaba con sus compañeros como Aga Khan, en el internado de Friburgo.

A Jose María Sancho entono el ‘mea culpa’ por omitir el nombre de Leopoldo Calvo Sotelo en la relación de Presidentes de Gobierno. No solo era un políglota dominando varios idiomas sino el más culto de todos los que han pasado por Moncloa. También por Zarzuela. Fue tan breve su paso que hasta lo hemos olvidado. ¡Imperdonable!

Mariangeles lleva razón cuando reconoce que, en la actualidad, es básico el inglés (mucho más que el catalán, digo yo), pero es una pena que cada día sea mayor la incultura de nuestro país.

Se lo reconoce nuestro comunicante que firma “Exiliado_mad” lamentando que, aquel concepto de “cultura general” haya desaparecido por completo.

¡Hasta la próxima semana!