Lo único bueno que tiene Sánchez

Cada vez que veo por la tele a Pedro Sánchez en las Cumbres Internacionales departiendo con descarada soltura con los líderes del mundo entero, no puedo evitar recordar a Zapatero, a Rajoy, Aznar (¡ay! aquella “conversación” con Clinton de Matutes island) pero, sobre todo, a Suárez.

Adolfo ha sido el único de entre todos los ex de reconocer, al menos a este periodista, las grandes lagunas y las terribles limitaciones intelectuales referidas sobre todo a los idiomas. Recuerdo me confesó lo mal que lo pasaba en los encuentros con los líderes políticos en los pocos viajes internacionales que hizo.

“Peor que cuando Tejero me colocó la pistola en el pecho. En aquella situación, lo único que pretendía con mi actitud era comportarme a la altura de mi responsabilidad como Presidente del Gobierno. Pero, cuando en las cenas de gala que seguían a los encuentros internacionales, te colocaban en la mesa entre dos señoras del país, aquello se convertía en un calvario”.

Y qué decir de esa dramática y patética imagen de Zapatero, aislado de los grupos de líderes en las Cumbres Internacionales. Lo mismo se puede decir de Rajoy, con el intérprete siempre pegado a la espalda como una mochila.

Me gustaría aplicar aquí esa frase de Anton Chejov de “No temas parecer tonto; ante todo, hay que tener el espíritu libre”. Ignoro si José Luis Rodríguez Zapatero lo tenía, pero en aquellos años en los que fue presidente y después también, se le consideraba un tonto de baba, que no era. Quizás para sobrevivir entre los lideres internacionales no había mejor opción que aplicar la teoría de Zenón: “La naturaleza nos ha dado dos oídos y una sola boca para enseñarnos que vale más oír que hablar. Sobre todo, si no se sabe al menos … inglés.

Aunque muchos españoles puedan pensar y decir que hasta un tonto, de cuando en cuando y por casualidad, no parece serlo, lo cierto es que millones de españoles descubrieron, asombrados, que Pedro Sánchez hasta sabía inglés, un magnifico inglés. Tengamos la humildad de reconocerlo: ningún presidente ha tenido la menor idea de idiomas salvo Felipe González con el francés. Hoy, Aznar ha aprendido el idioma de Shakespeare.

Sucedió algo parecido con don Juan Carlos en enero de 1971 cuando el lanzamiento del Apolo XIV, coincidente con la primera visita de los entonces Príncipes de España, como tales, a los Estados Unidos, invitados por Nixon. En aquel viaje, tuve la oportunidad de acompañarles formando parte del séquito informativo.

Nunca se ha valorado suficientemente aquella retransmisión televisiva en directo. Fue la mejor operación publicitaria y de efectos más positivos, que se pudiera soñar entonces. Ni el mejor gabinete de imagen lo habría hecho mejor.

Lo que más impresionó y llamó la atención a los españoles no fue ver el lanzamiento de un Apolo más, tanto como catorce, sino oír que el hombre al que consideraban tonto, fuera capaz de dirigirse al mundo improvisando unas palabras sobre un tema tan concreto, como el viaje de unos astronautas… en inglés, un perfecto inglés. ¡Toma ya!