El Rey no tiene quien le felicite

Ayer, 24 de junio, fue día de San Juan, onomástica del rey Juan Carlos, del “rey autentico” que diría Luis Maria Anson.

¿Algún lector de esta columna sabe cuando celebra su santo Felipe? Aunque su santo tiene varias fechas. En el santoral, 23 de marzo, 3 de mayo, 4 de junio, el Jefe del Estado no utiliza ninguna porque pasa de onomásticas.

Hasta que este llegó al Trono e incluso antes, la tradición de los Borbones era celebrar mas las onomásticas que los cumpleaños, siguiendo la costumbre de la religión católica frente a otras creencias, como la protestante que celebra los cumpleaños.

Cierto es que, de un tiempo a esta parte, las onomásticas reales han pasado con mas pena que gloria. Nada que ver con aquellas celebraciones que don Juan Carlos gustaba compartir con los madrileños. Se trataba de una macrofiesta con mas de 2000 invitados.

Para ello, en 1978, tres años después de su proclamación, decidió abrir ese día los jardines del Campo del Moro en el Palacio Real. Todo el que era alguien y no solo en Madrid estaba invitado. Aquel día y durante varias horas, políticos, empresarios, famosos socialmente hablando y periodistas , ellos de esmoquin, ellas traje largo, hacían cola para felicitar al Rey. Y alguno, para ahorrarse el interminable besamanos, “se escaqueaba de felicitar al Monarca”. Como le sucedió un año a Adolfo Suárez que organizaba sus ruedas de Prensa y su propia fiesta dentro de la fiesta de don Juan Carlos.

“Mira, ni se ha molestado en venir a felicitarme”, me dijo un año en el que Suárez se encontraba en plena campaña electoral.

Según recuerda mi querida compañera Consuelo Font, con la que coincidía en aquellos saraos, “no era difícil que se encontraran las Koplowitz con sus ex maridos, Isabel Preysler con el marques de Griñón cuando ya convivía con Miguel Boyer. Marta Chavarri, separada ya de Fernando Falcó, por su relación con uno de los Albertos. Y Mario Conde “fíel representante del “yuppismo” y entonces en la cresta de la ola como Presidente del Banesto. Posteriormente, esta fiesta se celebró en algunas que otras ciudades españolas.

Así, hasta 1993, “Consciente de que su santo había derivado en una feria de vanidades”, decidió sustituir esta macrofiesta por una modesta recepción institucional en el Palacio de La Zarzuela para no mas de cien personas.

De todas formas, este columnista aprovecha la ocasión para enviarle una cariñosa felicitación.

P.D

Para Raquel: No entiendo a quien se refiere cuando escribe: …un ser sin criterio. Tenemos un barcon sin timonel”.

A Julia Romero Sanchez: lleva razón cuando, al referirse a Letizia, (¡ como no !) pregunta: Con la legión de asesores que debe tener (y tiene), ¿nadie le ha dicho que esa mueca horrible en su cara que asemeja una sonrisa incipiente, con labios apretados es igual que la sonrisa, de labios apretados , de toda suegra que se precie? ¡Que horror verla en Inglaterra con esa mueca…”.