La Familia Real y los toros

La revista de “mis amores y mis dolores” publicaba, esta mi semana, un reportaje del acontecimiento con el siguiente titulo: “El rey Felipe toma el relevo de su padre en la plaza de todos de Las Ventas”. Tampoco es eso.

Se trata de la segunda vez en su reinado que el actual soberano se digna acudir a un festejo taurino. Posiblemente, haciendo de tripas corazón. Bien es sabido la poca o nula afición que por las corridas de toros tiene Felipe. Como su madre, la reina doña Sofía. Y su esposa, la inefable Letizia, que es en lo único que se parece a la suegra real, “culta, muy sensible, también una ecologista convencida incapaz de poner los pies en una plaza de toros como no sea por obligación de su cargo”, escribía José Luis de Vilallonga en el libro de conversaciones con don Juan Carlos (“El Rey” Plaza y Janes 1995).

Esta actitud de doña Sofía como la de su nuera y por supuesto la de Felipe, es un tema de controversia y de critica a la Familia Real. No hay que olvidar que las corrida de toros están tan profundamente enraizada en todas las capas de la sociedad, que este desprecio real no esta nada bien visto por el personal. Incluso por aquellos que no son taurinos.

Refiriéndose a su hijo Felipe, el Rey Juan Carlos le reconocía a su biógrafo que “no va a las corrida para no disgustar a su madre”. Hoy, por no disgustar a su esposa. Y es que, en este terreno, como en otros muchos mas, el pobre Felipe no ha tenido mucha suerte. Salió de “málaga” para entrar en “malagón”, como vulgarmente se dice.

Hablando de toros, el tema que nos ocupa hoy por la insólita presencia real en una plaza, don Juan Carlos reconoció, entonces, que “yo iría mas a menudo a las corridas si tuviera tiempo. Felizmente ahí esta mi madre para representar a la familia en la Fiesta Nacional”. Se refería como el lector habrá deducido a la condesa de Barcelona. Hoy lo hace su hija, la infanta Elena y, por supuesto, don Juan Carlos que, desde que abdicó, dispone de todo el tiempo.

Pero volviendo al rechazo que el tema taurino produce en las actuales consortes reales, (a Letizia solo se le ha visto en dos ocasiones. Una de ellas, en vísperas de su boda hace ya … quince años) sería bueno que recordaran el comportamiento de su antecesora Victoria Eugenia con las corridas de toros.
Una de las primeras tareas realmente desagradables para ella, fue tener que asistir a una corrida de toros como punto culminante de los festejos organizados con motivo de su boda con el rey Alfonso XIII. La delegación oficial británica en la boda , entre ellos el príncipe y la princesa de Gales, se negó a asistir a la corrida por la repugnancia que les producía la llamada Fiesta Nacional.

Pero a Victoria Eugenia no le quedó mas remedio que estar presente en la plaza de toros realzando su belleza con un vestido blanco y una mantilla también blanca. Criada con intenso amor por los caballos, quedó horrorizada cuando contempló como un toro enloquecido literalmente hizo pedazos a un caballo de un picador bajo el palco real donde ella estaba.
Una atroz sensación de angustia la invadió al contemplar el violento espectáculo.

Pero consciente de que su obligación era acompañar a su esposo, el rey, lo hizo como un doloroso y difícil deber. Sabia que mostrar su disgusto no era precisamente lo que tenia que hacer. Y, como mujer inteligente que era, encontró una solución: “Me agencie unas gafas de cristales totalmente negros. Cuando me sentaba en el palco real, me las ponía. Los espectadores nunca lo supieron. Yo aplaudía cuando oía aplaudir. Y así me evité ver como los toros destripaban a los caballos al igual que había sucedido en la primera corrida a la que asistí”.

Y en la entrevista que me concedió en Lausanna un mes antes de morir, me ofreció una noticia que no conocía:

¿Sabias que gracias a mi se llevaron a cabo algunas reformas que mitigaron el sufrimiento de los caballos de los picadores incorporando los petos?

Repito, de ella debería haber aprendido doña Sofía y hoy, Letizia.

PD.

A ODOACRO: Cierto es que hubo un momento, como escribe, que esas audiencias de la reina con su primer ministro cambiaron de horario. Ya lo explico. Lo hizo para poder asistir al baño de sus hijos antes de acostarlo y, por supuesto, no eran mellizos! Tenían diferentes edades pero ambos muy niños. No me coja usted el rábano por las hojas.

Para ALFONSO A.: Estoy Seguro que “las feministas se van a abalanzar sobre mi” cuando escribo que la reina, MUJER AL FIN, aprecia los sabrosos chismorreos. ¡Que se le va a hacer! Y me hace una pregunta sobre los comentarios de Jiménez Lo Santos cuya respuesta conoce. Por supuesto, que me ha indignado que se refiera a la emérita como una mujer mala, muy mala.

A RAQUEL: Usted escribe que todos sabemos por qué no soy muy amigo de la reina Sofía. Ni amigo ni enemigo. Cierto es que ella no tuvo un comportamiento muy adecuado en la muerte de mi hija. Cierto es que tampoco tenía por que. Yo no soy su amigo sino, simplemente, un periodista. Pero esto no me influye en absoluto para considerarla una reina muy digna de quien Letizia tiene mucho que aprender.