Trece primeros ministros

Esta semana, la Primer Ministro del Reino Unido, Theresa May, ha presentado su dimisión. Lo era desde el 13 de julio de 2016. Se trataba de la segunda mujer inquilina del número 10 de Downing Street. La anterior, Margaret Thatcher, que fue llamada “La Dama de Hierro”, “reinó” desde 1979 a 1983.

La reina Isabel que cumplió el pasado 21 de abril… 93 años aunque se lo han celebrado, a nivel nacional, este sábado, ha tenido la suficiente trayectoria vital como para haber tenido nada menos que… trece Primeros Ministros. El primero fue Sir Winston Churchill.

Todos los martes, la Reina recibe a su Jefe de Gobierno en el palacio de Buckingham. Siempre ha sido a las 17.30. Ni un minuto antes ni un minuto después. Conocida es el respeto de los británicos por la puntualidad.

Bertrand Meyer, el mejor biógrafo de la reina, cuenta que cuando el príncipe Carlos y la princesa Ana tenían dos años, la reina solicitó a Churchill si no era posible retrasar la audiencia en una hora. Deseaba acompañar a sus hijos a la nursery para el baño. El Primer Ministro aceptó, lógicamente y, desde entonces, todos los Jefes de Gobierno se someten a ese nuevo horario.

Ellos han reconocido que, de esa audiencia, “salen agotados y exprimidos como limones”. Churchill fue el primero en trabajar con ella. Cuando el 5 de abril de 1955, la soberana aceptó su dimisión, Isabel II contaba 28 años y el 80. Winston la amaba como solo podía hacerlo un anciano y ella reconoció que había sido como un padre adoptivo.

Sir Anthony Edén era el mas ceremonioso. Cuando presentó la dimisión, el 9 de enero de 1957, por razones de salud, la Reina fue a visitarle y le hizo caballero de la Orden de la Jarretera.

Con Harold McMillan, siete años Primer Ministro, se llevó muy bien. Con él, la Reina se mostraba casi lírica. Ningún sucesor pudo jamás igualarle a sus ojos.

Con Sir Alec Douglas-Home mantuvo relaciones más personales que con ninguno otro. Las conversaciones de los martes entre la Reina y su Primer Ministro parecían especialmente distendidas.

En 1964, la Reina con Harold Wilson, el primer Jefe de Gobierno socialista, paradójicamente, se entendió de maravilla. Cierto es que siempre se mostró muy devoto de la Reina y muy orgulloso de que ella apreciase sus visitas. La Reina, mujer al fin, apreciaba los sabrosos chismorreos y las sabrosas observaciones sobre los entretelones de Westminster. En 1974, le condecoró con la Orden de La jarretera.

Con el conservador Edward Heath, designado el 19 de junio de 1970, la Reina se encontraba en total sintonía. La pasión del Primer Ministro por la música y la navegación les hacía sentirse cómodos en la reunión de los martes.

Después de un breve regreso de Wilson, de 1974 a 1976, fue James Callaghan quien le sucedió durante tres años. “La soberana apreciaba mucho su compañía y, a veces, se le oía reír a carcajadas”, cuenta Bertrand Meyer. Aunque este Primer Ministro reconoció que la Reina tenía muy poco conocimiento a excepción de un solo tema: la cría de caballos y las carreras. Cierto es que “ella no puede tener un punto de vista personal”.

El 4 de mayo de 1979 y después de cinco años de gobiernos laboristas, llega Margaret Thatcher, la primera mujer Primer Ministro. No era ningún secreto en palacio que la Reina no la apreciaba en absoluto muy “nueva rica”, según su criterio. En las reuniones familiares, la Reina imitaba, al parecer a la perfección, el tono crispado y artificial de su Primera Ministra. “Por otra parte, la soberana no se privaba de pequeñas venganzas. Cuando la dama de Hierro iba a rendirle cuentas, podía llegar a no ofrecerle se sentara”, dice Meyer.

El escritor Anthony Bampson llegó a escribir que “las reuniones hebdomadarias entre la Reina y la señora Thatcher – dos mujeres de la misma edad – constituyen una obsesión, al menos para una de ellas. Mientras la Reina es simple y directa, la Thatcher parece más bien una reina”.

Con John Major, de l990 a 1997, las relaciones parecían corteses.

A diferencia de las que mantuvo con Tony Blair, de 1997 a 2007, en las que hubo la crisis por el divorcio del príncipe Carlos, por un lado, pero, sobre todo, la trágica muerte de la princesa Diana. El Primer Ministro obligó a la Reina a comportarse como pensó que debía. No solo exigiéndole que regresara a Londres desde Windsor, para rendir homenaje a la Princesa de Gales, leyendo, desde Buckhigham, un discurso en su homenaje sino a presidir los funerales de Estado que se le había negado en principio.

Con Gordon Brown, de 2007 a 2010, sin pena ni gloria. David Cameron, de 2010 a 2016, le ha dejado la terrible herencia del Brexit que Theresa May, de 2016 a hoy, ha intentando inútilmente reconducir.

Trece primeros ministros no es un buen número. Don Juan Carlos, por su parte, ha tenido siete Jefes de Gobierno: Carlos Arias Navarro, Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

P.D

Para Angélico: El general Franco no restauró una monarquía sino que instauró la del 18 de julio y que lo fue hasta que don Juan renunció a todos los derechos históricos y dinásticos en la persona de su hijo, Juan Carlos, un gran rey hasta que le abdicaron. Leva razón cuando califica de “traición” la aceptación por parte de don Juan Carlos cuando el general lo designó Heredero a título de rey. Pero, seamos justos, no tenía otra salida si quería salvar la Institución.

Irma Kolh lleva razón pero a medias. La frase a la que yo me refería, la pronunció, como usted reconoce, la reina Isabel de Inglaterra cuando le vinieron con el cuento de que su marido la engañaba (“yo no le pido fidelidad sino lealtad”. Han sido varias las veces en las que yo se la he brindado a la reina Sofía. Y también a todas aquellas mujeres en parecidas circunstancias. Cierto es que asimismo debía referirme a los hombres. ¿Por que no?

Raquel 2711 lleva toda la razón cuando escribe sobre la “degeneración” de la herencia monárquica. Siempre lo he dicho: debe mantenerse la primogenitura. Sea hombre o mujer. España es el único país que discrimina constitucionalmente a la mujer en la sucesión en el articulo 54.1 . ¡Una vergüenza! Ya me gustaría que las feministas y todas las mujeres exigieran la enmienda de ese vergonzoso artículo.

Jesús Maria demuestra tener buena memoria y conocimiento cuando recuerda que el “Azor” fue el escenario del encuentro entre Franco y don Juan para decidir que Juan Carlos vendría a España para “irse preparando y, en su día, poder ejercer de monarca en España”. Pero no que con esto, el hijo desplazaría a su padre. Como le he contestado a Angélico fue una traición pero a la fuerza. Don Juan Carlos se sacrificó para salvar la Institución. Fue su grandeza y su tragedia.