Una fotógrafa real para el periodista

A propósito de la corrida de toros en homenaje a la Condesa de Barcelona, en Aranjuez, con asistencia del rey Juan Carlos y la infanta Pilar, quisiera recordar aquí y ahora, mi relación con Doña María de las Mercedes, la mujer que pudo haber sido reina de España y una de las vidas de trayectoria más dramática.

En mi archivo personal conservo, entre cientos de testimonios gráficos literarios y auditivos, una fotografía muy querida para mi. No solo por su autor, en este caso autora, sino por el protagonista de la imagen y las circunstancias de ese día en “Villa Giralda” en Estoril, residencia en el exilio de los Condes de Barcelona y familia, desde el día 1 de febrero de 1946 hasta el 14 de mayo de 1977.

Aunque en la puerta había un agente de policía uniformado, en el interior un profundo silencio lo envolvía todo. Desde el vestíbulo, presidido por un gran retrato del rey Alfonso XIII y una bandera española con la inscripción “Al rey Don Juan…” hasta las habitaciones del segundo piso donde tuve la satisfacciones de ser recibido.

Solo tres personas había en la casa esa tarde: los marqueses de Cáceres, que estaban “de semana” y el secretario de don Juan. En ese ambiente vivía las últimas horas de su reinado en el exilio. A solas, entre esas paredes testigos mundos de la muerte del infante Alfonsito, el 29 de marzo de 1956, con 15 años, por disparo accidental de una pistola del calibre 22, manejada por el príncipe Juan Carlos, de 18 años. “Aquel día se me paró la vida”, me diría doña Maria de las Mercedes. También estas paredes fueron testigos de aquella llamada de don Juan Carlos para comunicar a su madre que “Franco se ha decidido y me ha nombrado sucesor a título de Rey”. El Jefe de la Casa Real española piensa, en ese momento, que su hijo le ha traicionado. Y aquí, doña Maria intenta explicarle, llena de dolor y entre lágrimas, que no había otra salida, que Juanito lo ha hecho por salvar a la Institución y que el general no le ha permitido ni consultar con su padre. Este, lleno de ira, le grita a su esposa: “¡Dile a Juanito que se vaya a la mierda…!”.

El 22 de noviembre de 1975 y por muerte de Franco se convierte en Rey, pero sin tener derecho alguno que los poseía el Conde de Barcelona. Si somos rigurosos, tendremos que aceptar que era un Rey … ilegal. Solo por voluntad de un dictador.

“A propósito de mi nombramiento como sucesor de Franco, mi padre declaró, sin contemplaciones, que toda la operación se había hecho sin que él tuviera conocimiento”… ”Cuando mi padre denunciaba que mi investidura como sucesor a título de Rey, no había sido democrática, hacía de ello una cuestión de principios sabiendo que no me facilitaba las cosas. ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Porque en ese momento el Príncipe se convertía en soberano de una Monarquía instaurada, la Monarquía del 18 de julio no en la Monarquía restaurada de los Borbones.

Cierto es que su padre podía haber traspasado todos los derechos a su hijo desde el momento en que fue proclamado Rey, el 22 de noviembre de 1975. Pero prefirió esperar a que la Democracia, (con mayúscula) se asentara con la convocatoria de elecciones generales por parte del presidente Suárez y la legalización del Partido Comunista. Dos trascendentales acontecimientos políticos de primer orden. Los dos, en 1977.

Fue entonces cuando tomó la decisión soberana de traspasar todos los derechos históricos y dinásticos a su hijo Juan Carlos. Para ello, eligió el 14 de mayo de ese año 1977. Aquel día, don Juan de Borbón y Battenberg, Jefe de Familia Real española, viajaba desde Lisboa a Madrid para renunciar a todos sus derechos, que había recibido de su padre, el rey Alfonso XIII, en enero de 1941, horas antes de morir, y transmitírselos a su hijo Juan Carlos.

No por carta, como llegó a pedir la reina Sofía sino en un saloncito del Palacio de La Zarzuela, en una triste ceremonia que duró… 15 minutos. Hay que reconocer que tampoco fue generoso con su padre. Aunque peor ha sido lo de Felipe con el suyo, con el Rey…

En el libro “El Rey”, don Juan Carlos reconocía a José Luis de Vilallonga: “Cuando a veces digo que mi padre ha desempeñado en la historia de España un papel de lo mas dramático, no exagero. Por un lado, hacía lo que podía para no obstaculizarme el camino y, por otro, se esforzaba en permanecer absolutamente fiel a sus principios”.

El día 12 de aquel mes de mayo de 1977, llamé por teléfono a su residencia de Villa Giralda. Deseaba que el Conde de Barcelona me permitiera viajar a Estoril para convivir con él su ultimo día de exilio. La petición era atrevida, pero, ante mi sorpresa, me citó para el día siguiente, víspera de su viaje a España.

En la residencia real se advertía la presencia de maletas por doquier. El Conde de Barcelona me recibió en su despacho de la primera planta, para conceder la que sería su última entrevista como Jefe de la Familia Real española.

Nunca agradeceré bastante la deferencia que los Condes de Barcelona tuvieron para con este periodista que tantas horas tristes y alegres había vivido junto a la Familia Real.

Un periódico madrileño escribía esa mañana en la que yo viajaba a Estoril al referirse a Don Juan: “La gente paga por sus errores. Don Juan ha pagado por sus aciertos”.

Antes de abandonar Villa Giralda, Doña Maria de las Mercedes se ofreció a tomar una fotografía de su marido con este periodista, un documento que, como he escrito al comienzo de esta crónica, guardo con inmenso cariño como uno de los documentos más entrañables de mi vida profesional y personal.

PD

Lleva razón ODOACRO en lo referente a la fecha de la ausencia del príncipe Felipe en aquel 12 de Octubre, para presionar al Rey en lo referente a autorizar su boda. Como diría un clásico, hasta el más despistado habría deducido que me refería al 12 de octubre del 2003. Todo el mundo sabe que la boda se celebró el 22 de mayo del 2004.