¡Ay! Esas memorias…

Mi querido amigo y compañero Carlos Herrera ha recordado, esta mi semana, en el suplemento de ABC a Woody Allen y el linchamiento del que está siendo objeto por cuatro importantísimas editoriales, rechazando editar sus Memorias. Todo ello como consecuencia de la campaña de “MeToo” contra el famoso director norteamericano de cine. Como escribe Herrera, serian interesantísimas por su “particularísima personalidad y la peripecia particular de su vida”.

Ignoro si Woody Allen es amigo de Felipe VI pero se sabe, porque se ha publicado, que no compareció el 12 de octubre de 2004 en el Desfile de las Fuerzas Armadas, junto a su padre, el rey Juan Carlos, porque “tenia una cita ineludible con …Woody Allen, en Nueva York”.

Al menos, eso alegó para justificar lo injustificable. Pienso que fue un pretexto, un pulso que le echó a su padre después de que este se negara a autorizar su boda con Letizia (con perdón), en la tormentosa reunión en La Zarzuela cuando comunicó a sus padre la decisión de casarse con la presentadora de televisión y tras la que se marchó a Estados Unidos.

Desconozco si Woody Allen recoge en esas memorias que nadie quiere publicar su encuentro, sus conversaciones, con el hoy rey de España. Sería muy interesante. Ello me anima a dedicar la columna de esta mi semana al tema de las memorias de los famosos a las que soy tan aficionado.

Muchos han sido los personajes de la realeza, de la política, de las ciencias, de las artes en todas sus facetas, de las letras, de la sociedad y del famoseo, que deciden redactar sus memorias. Muchos de ellos sin respeto a si mismos y hacia los demás. Sin temor, sin humildad, sin rigor y sin pudor. Y lo hacen, en la mayoría de los casos, con el deseo de ganar un dinero. ¡80.000 euros por tres capítulos a Kiko, el casposo hijo de la “ Pantoja”!

Cierto es que algunas “memorias” no intentan ser una contribución a la historia para lo que les falta, a algunos, imparcialidad y distancia.

Cuando leo las seudo memorias que se publican hoy, no puedo, por menos, que pensar en Rose Kennedy cuando decía: “cualquiera que escribe unas memorias o una autobiografía debe, sin dudar, creer o bien que es una persona un tanto especial con especial sabiduría o especial bagaje de experiencia…” , condicionamiento que no se dan en esas memorias que se publican en la “prensa del corazón”, culpable del escaso crédito que suelen gozar esta clase de publicaciones.

Es que nunca han estado claros los motivos que impulsan a determinados personajillos a redactar sus memorias aunque estos son los únicos que lo tienen claro: el dinero rápido, fácil y abundante.

Me van a permitir un consejo: hay que pensárselo bien antes de decidir a escribir tus memorias. De todas las formas, la única manera de que no te conozcan es contando tu vida, como decía Oscar Wilde.

P.D

Para Anton: estimado lector, reconozco con usted que me han llamado de todo pero nunca “juntaletras”, ¡muy original y acertado! Es lo que vengo haciendo desde hace mas de 50 años. Pero no para “descalficar a los miembros de la familia real” sino para comentar, juntando las letras, sus comportamientos.

Para Raquel: me complace haya entendido muy bien el estado de ánimo del rey Juan Carlos, el día de la boda de su hijo. Como yo intentaba transmitir, le preocupaba lo que podía pasar con ese matrimonio tan desigual. Y, como usted recuerda, ya se lo dijo a su amigo Miguel Primo de Rivera: “Mi hijo se va a cargar la monarquía”. Y poco que añadir a sus acertados comentarios sobre la consorte.

Jesús Maria lleva razón cuando escribe que nadie tuvo la culpa de la lluvia que ese día y en aquellos momentos cayó sobre Madrid. Pero si que la boda se celebrara ese día cuando el asesinato de 19l personas y 2500 heridos estaba todavía muy reciente en la memoria de todos los españoles. Por supuesto que la ofrenda del ramo de flores de la novia a la Virgen de Atocha es una tradición, pero hubiera sido un homenaje a las víctimas depositarlo, en esta ocasión, en el lugar del atentado, junto al que pasaron sin detenerse y sin mirar. Por último, yo nunca escribo encabronado sino después de reflexionar mucho. Y siempre con respeto aunque crítico como es obligación de todos los que “ juntamosletras”.

Y para el estimado y habitual Alfonso A, usted no se expresó mal sino muy claro y correcto en lo de la “ conspiración política”. Fui yo porque me cuesta aceptar que “otros tabloides” se hagan eco de lo que escribo “tergiversándolo” y “ exagerándolo”. Que lo hacen.