¿Se están reconciliando Juan Carlos y Sofía?

Hoy, 57 años de su boda

La Casa Real, siguiendo su política de “transparencia” impuesta por Felipe desde el mismo día de su proclamación, no informa de las actividades privadas de la Familia. Cierto es que ya estamos acostumbrados a su silencio sobre las vacaciones no solo estivales sino también navideñas y de Semanta Santa de Letizia, Felipe y las nenas.

A pesar de ello, acudí al departamento dirigido por Jordi Gutiérrez para recabar información sobre los Reyes Eméritos. No es que se negaran a ello, es que me informaron solo hacerlo sobre sus actividades oficiales.

Al parecer y según pude deducir, la asistencia de Don Juan Carlos y Doña Sofía en los funerales del Gran Duque de Luxemburgo ¿no lo eran? ¿Tampoco la presencia en la capilla ardiente de Pérez Rubalcaba en el Congreso de los Diputados?

Le guste o no al Departamento de Relaciones Exteriores de la Casa, los Reyes Eméritos siguen siendo Familia Real aunque a ellos solo gusta informar de Letizia.

A raíz de la agresión de la inefable consorte a Doña Sofía, el 6 de abril de 2018 al finalizar la Misa de Resurrección en la catedral de Palma de Mallorca, pienso que se ha producido un cambio visible en la relación entre Don Juan Carlos y Doña Sofía.

Todo el mundo pudo verlo. No solo la actitud violenta sino el público desprecio hacia su suegra. Primero, en la entrada a la catedral cuando desoyó los ruegos de Felipe pidiéndole esperara a sus padres que la seguían con pasos mas lentosm, dadas las dificultades del Rey para andar.

“¡Letizia, por favor!” Se le oyó suplicar. Pero no cambió de actitud y pasó de largo.

Pero fue el gesto de Don Juan Carlos al ver como su hijo Felipe, acobardado por la violencia de Letizia a las puertas de la catedral no hacia nada, cuando le gritó “¡Esto no se puede tolerar!¡ Hay que hablar…” El pobre solo se atrevió a decirle a su padre: “¡No es el momento!”.

Pienso que el Rey Emérito se dio cuenta, ese día, de la soledad en la que vive su esposa con una nuera que la odia, un hijo que no la defiende y unas nietas a las que mamá no les permite verla.

Desde ese desgraciado día, “los reyes don Juan Carlos y Doña Sofía volvieron a reaparecer juntos y por sorpresa”, escribía la revista de mis amores y mis dolores, ¡una agradable sorpresa!

Se referían a la presencia en el estadio de Hannover para presenciar el partido de balonmano del nieto Pablo Nicolás Urdangarin. Junto a ellos, otras “afectadas” de Letizia, las infantas Elena y Cristina, las cuñadas quienes, como tales, nunca se llevaron bien con la nieta del taxista, que entró en la Casa y en la Familia como un elefante en una cacharrería.

Una semana después, los Reyes Eméritos volvían a “llegar juntos mostrándose muy unidos” (Hola dixit), en este caso en el funeral del Gran Duque de Luxemburgo.

Y durante el fin de semana, los españoles pudieron verles llegando, de nuevo, juntos al Congreso de los Diputados, para testimoniar el pésame a la viuda de Pérez Rubalcaba y orar ante sus restos.

En todo momento, don Juan Carlos estuvo muy atento con su esposa no solo ayudándola a descender del coche sino cediéndole gentilmente el paso tanto a la llegada como a la salida. Tal cosa no se había visto ni en la mejor época.

Pero el broche de oro de esta ¿reconciliación?, la veríamos horas más tarde de ese mismo día. Era como si se hubieran dicho ¿por que no nos vamos a ver el partido entre Nadal y Tsitipas, un español y un griego? Y allá que se fueron, juntitos a la Caja Mágica, después de cambiarse de la ropa de luto con la que acudieron a la capilla ardiente. El motivo lo merecía: se enfrentaban el español Rafa Nadal y el… griego Tsitsipas. Según la compañera Rosa Belmonte, la reina debió explicar a su marido que el nombre de su compatriota se pronuncia Chichipas. Doña Sofía debió sentirse feliz por la victoria del griego. Pero, sobre todo, por haber pasado la tarde, en vísperas del aniversario de su boda, junto al hombre que sigue amando. Y que hoy, 14 de mayo, hace, nada menos, que 57 años. Este columnista fue testigo en Atenas tanto de la boda por el rito ortodoxo como católico.

¿Nos encontraremos ante la reconciliación de nuestros reyes? El aniversario se lo merecería.