La reina como una alfombra humana

Cierto es que la Monarquía, “el gobierno de una sola persona”, no es un sistema democrático sino antiguo y caduco por su carácter vitalicio y hereditario. Pero, para sobrevivir a los cambios políticos de los países respectivos, se ha ido recortando, afortunadamente, el poder del rey, de todos los reyes, salvo una vergonzosa y humillante excepción: Tailandia.

Sin olvidar, claro está, a nuestro vecino Marruecos.

Las imágenes publicadas estos días en la prensa de todo el mundo, a propósito de la coronación del nuevo rey del país asiático, no difieren mucho de las que yo vi acompañando a los reyes don Juan Carlos y doña Sofía, en su primera visita a la Tailandia de Bhumibol, ante quien los generales se dirigían a él de rodillas.

Como lo hemos visto en las de la boda de del nuevo rey Rama X, un playboy disoluto, excéntrico y pendenciero, uno de los garbanzos negros de la realeza mundial.

Las imágenes de su esposa, la cuarta, una azafata que fue su amante y a la que nombró general de las Fuerzas Armadas de Tailandia, convertida en una alfombra humana humillada, como otros muchos generales cargados de condecoraciones, ante un chulángano de putas, ha causado consternación en el mundo entero.

El soberano Bhumibol vivía entonces un drama personal, a causa de la infidelidad de su esposa, la bellísima Sirikit, enamorada de un piloto. El encontró la muerte en un “accidente” de tráfico. Ella fue recluida en un palacio.

Reapareció, por primera vez en mucho tiempo, en la cena de gala ofrecida a nuestros reyes. De aquella belleza que la hizo tan famosa, no quedaba nada. Solo una mujer envuelta por un halo de tristeza que había engordado mucho.

Mientras ella permaneció enclaustrada, el rey se consolaba de los cuernos tocando el saxofón, en discotecas de Bangkok. Su instrumento musical se exhibe en el Museo Nacional de la capital tailandesa

Afortunadamente las monarquías son una forma de estado en desaparición hasta el extremo de que, actualmente, van camino de hacer realidad las palabras de Faruk, cuando dijo que, en un futuro, solo quedarán cinco: la reina de Inglaterra y los cuatro reyes de la baraja”.

Para empezar, de las veinticuatro en nuestro entorno europeo, solo quedan diez, habiendo desaparecido …. catorce. Pero, eso si, todas ellas constitucionales.

P.D.

A mi estimada Angélica: Cierto es que el matrimonio de don Juan Carlos y doña Sofía no fue por amor. Al menos, por parte de él. Tampoco por “razones de Estado”. El príncipe español, en aquella época, tan solo era “el chico de los Barcelona”, como le calificaba la reina Federica. Fue ella, como la gran “ celestina” de la realeza que era (no olvidemos el celestínesco crucero del Agamenón), quien propició y arregló aquel matrimonio. Don Juan Carlos acababa de romper su noviazgo con la princesa Maria Gabriela de Saboya porque a Franco no le gustaba. Y Sofía,de una relación sentimental con el hoy rey Harald de Noruega. Pero amiga mía, también ha habido matrimonios por amor.

A Yurie Suna le recordaré que la frase de “estamos a lo que estamos” no la dijo el abuelo Rocasolano, como escribe, sino la propia Letiizia a su primo David, a propósito de la discusión de las capitulaciones matrimoniales: “Aquí estamos a lo que estamos. Esto no es un rollo de amor. ¿Entiendes?”.

Estoy de acuerdo con Mariangeles y con usted que Sofía se parece mas a la infanta Cristina. Al final y como escribí, acabará siendo mas guapa que su hermana Leonor. La próxima semana … más.